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Carta a los docentes: Educar es siempre algo nuevo

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Queridos hermanos:

 

De verdad es así, educar es siempre algo nuevo. Porque aunque el programa de una materia sea casi el mismo de un año a otro, los alumnos, el contexto —y vos— son diversos. Porque no se trata solamente de transmitir datos de una asignatura específica.

 

Para la Jornada Mundial de Oración por la Paz de este 2012 el Papa Benedicto XVI nos decía: “La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar —que viene de educere en latín— significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona”. Al usar la palabra “aventura” nos muestra que no hay nada de tediosa rutina; siempre emerge la novedad. Una aventura “fascinante”, esto es, que nos sorprende y desinstala; “difícil”, porque implica muchas veces remar contra la corriente. Y continúa diciendo: “Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo”.

 

Somos necesitados —casi mendigos— de la respuesta libre de los alumnos. No hay camino educativo en sentido pleno sin disponibilidad de apertura libre. Y nosotros, como docentes y adultos, debemos dar el primer paso de disponibilidad generosa. Pero no siempre estamos con todas las luces. A veces nos cansa la edad o el exceso de trabajo, o la falta de respuesta en las familias y en la sociedad. Los niños, los adolescentes, los jóvenes pueden sorprendernos o descolocarnos con sus planteos. Maestros y profesores permanentemente viven desafíos nuevos.

 

Todos buscamos un sentido para la vida. Nos molesta andar sin rumbo y a la deriva. Sabemos que los anhelos profundos del corazón son muestras de apertura a la trascendencia, a la plenitud.

Ni el consumismo materialista, ni el individualismo nos hacen felices. Ante la angustia existencial que provoca el desamor o la soledad tenemos una respuesta: el amor de Jesús. Él da la vida por nosotros. Él nos alienta en el camino y nos colma de esperanza.

 

La comunidad educativa es responsabilidad de todos: docentes, alumnos, familias, otras personas vinculadas a la Institución. Nos estimula compartir los anhelos y esperanzas en las diversas instancias que estamos recorriendo del Congreso de Educación Católica en la Provincia de Entre Ríos.

 

Es importante generar un clima en el cual se promueva la apertura de cada uno a los demás y al Evangelio, que es Buena Noticia de Dios para sus hijos. El camino del diálogo, la valoración mutua, permitirán a niños y jóvenes descubrir las propias potencialidades y ponderar también a los demás.

 

La educación puede ayudar a la liberación integral de la persona y su desarrollo pleno. Rezo por vos y doy gracias a Dios por tu vocación. Quiero hacerte llegar un abrazo que sea cobijo a tus anhelos y te sostenga en la entrega cotidiana.

 

Mirando al próximo 11 de septiembre quiero expresar mi gratitud a todos los maestros de la Patria. También se cumple un nuevo aniversario del golpe militar en Chile (1973) y del atentado a las Torres Gemelas (2001). Actos de terrorismo contra la vida humana, que introdujeron cambios muy hondos en la región y a nivel global.

 

Ayer, 8 de septiembre, conmemoramos el nacimiento de la Virgen María. En la Argentina hemos rezado especialmente por la vida religiosa y consagrada. Hombres y mujeres que al consagrar la vida a Dios nos anticipan la alegría del Reino de los cielos. Damos gracias a Dios por estos signos vivos de su amor.

 

 

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