Gualeguay está emplazada al final de una extensa cañada con forma de embudo. Se trata de una depresión geográfica natural por donde escurren aguas hacia el río con sentido norte sur. La superficie de este embudo es varias veces la de la ciudad. La dinámica hídrica de esta cañada se resume a una sencilla cuestión de pendientes y sus alteraciones a lo largo del tiempo, muchas veces acertadas y otras no. Por ejemplo dos rutas y una vía que consolidaron el concepto de embudo. Luego siguieron otros desatinos hasta que llegó el cambio climático y todo lo complicó.
De ese modo, cuando llueve en esta cañada, toda el agua caída viene hacia el río, hacia Gualeguay. Es decir que por la ciudad escurre un volumen de agua equivalente a varias veces lo llovido. Por ese motivo, a mediados del siglo pasado, se construyó un gran complejo de canales que interceptaran el agua caída al norte y la desviaran hacia el río al sur de la ciudad. Ese sistema tenía al Bañado de Hugo como reservorio intermedio, y todo funcionaba bien.
En los ochenta, se hizo la ruta 11 con la mitad de las alcantarillas planificadas, y, con el tiempo, la erosión hizo del camino a Calderón un canal, mientras que nunca más se limpiaron los zanjones. En el dos mil hicieron la Defensa Costera y a la lluvia se le complicó la salida, a la vez que taparon el Bañado con un Autódromo. Como si fuera poco, se poblaron las chacras sin un sistema de alcantarillado según el escurrimiento, y en la ciudad se asfaltó con asfalto frío muchos centímetros más alto alterando el escurrido. Finalmente, llegó el cambio climático con El Niño.
Así fue como el primer barrio a empezar a inundarse fue el Pancho Ramírez, después, en las lluvias extraordinarias del 2007, se sumaron varios sectores más, y, con los años, llegamos a la crisis del 2024.
Ahora, en 2026, frente a la emergencia desatada por la inminente llegada de un El Niño de extremas dimensiones, lo que hay que hacer es mucho, o demasiado. Según la dinámica hídrica actual, hay que recomponer el funcionamiento del complejo de canales al norte, reacomodar el escurrido interno, y restaurar y ampliar el sistema de bombeo. La deuda era mucha y difícil de saldar en lo inmediato, lo cual lleva a elegir prioridades y tomar decisiones: La primera fue creer o no creer, la segunda medir los riesgos, y, por último, poner manos a la obra. Dios proveerá.
Norman Robson para Gualeguay21


















