Consumimos cada año “una Tierra y media”

Un contaminante es cualquier componente de un sistema que no se utiliza productivamente en ningún otro sistema. La naturaleza es, por definición, cíclica. No existe, virtualmente, ningún desperdicio en el mundo natural que no suministre alimento a otros sistemas vivientes. Si hubiera desperdicios, no habríamos sobrevivido a millones de años de evolución. En el mundo natural, todos los procesos, directa o indirectamente, acaban en alimentos para otras especies cada uno se beneficia de algún modo del producto y la energía de los otros.


La reacción humana natural es la de evitar la basura. Un instinto que nos protege: arrugamos la nariz, nos apartamos, retrocedemos. La sociedad industrial también se esfuerza por segregar y evitar su propia basura. En el mejor de los casos la industria promete que, con tecnología y suficientes basurales, podremos dejar de verter contaminantes. Es una idea atractiva porque imita lo que hacemos en nuestras propias casas: ponemos la basura en una bolsa y se la entregamos a un camión recolector. Pero la analogía no es sólida. Podemos transferir nuestra basura desde un medio ambiente pequeño y circunscripto, pero,¿ adónde transfiere el medio ambiente mayor, natural, las montañas de basura acumuladas?


Por más que la disposición final de contaminantes estuviera garantizada, llevando de la cuna a la tumba el producto industrial, no habríamos comenzado con la solución. Seguiríamos permitiendo que los contaminantes se fabriquen. Cuatro mil millones de envases tetrabrik se producen anualmente en una empresa sueca en Argentina. Ningún plan municipal de separación de residuos que realice la población puede modificar esa cifra. La responsabilidad sobre tantos envases, venenos líquidos y gases tóxicos, es también del fabricante. Y esa responsabilidad no se transfiere en el acto de la venta del producto a quien no lo fabricó ni tiene los medios para volverlo inocuo.


El único modo de revertir esta situación es realizar acciones que imiten profundamente a la naturaleza. Una economía restauradora, cíclica, donde cada producto vuelve al ciclo donde nació, de la cuna a la cuna.

Fuente: ecourbano.org.ar

 

 

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