De la mitomanía a la estafa

Por ejemplo, si alguien responsable de una ciudad invita a seguir creciendo cuando los índices demuestran lo contrario y colocan a la ciudad entre las de menor crecimiento en la provincia en la última década, especialmente en términos de calidad de vida, empleo, vivienda, salud y seguridad, estamos frente a un caso de mitomanía.
Por eso, cuando vemos que esa persona asevera que crecer es asfaltar y mejorar las calles, mientras, en realidad, hace eso de una pésima calidad y niega el marco de exclusión imperante en la periferia de su ciudad, podríamos confirmar que estamos frente a un caso de mitomanía.
Si, al mismo tiempo, esa misma persona también asegura que crecer es tener más lugares para disfrutar en familia, pero es indiferente al hecho de que hay muchas familias que no pueden acceder a las necesidades básicas e indispensables para una vida digna, claro está que estamos ante un caso de mitomanía ya aguda.
Ahora bien, ya si vemos que el sujeto en cuestión, siempre al mismo tiempo, confirma que crecer es tener la mejor terminal de la provincia, cuando nos consta a todos los que viajamos que no es así y, encima, en esa los colectivos paran en las estaciones de servicio o siguen de largo, definitivamente estamos presenciando un caso de mitomanía aguda y alevosa.
Tan aguda y alevosa es esa mitomanía que esa misma persona llega a afirmar que crecer es construir viviendas para todos, cuando en su caso, después de muchos años, aún no pudo superar el centenar y, en una vecina ciudad a solo 50 kilómetros y diez veces más chica, ya se construyeron más de 400.
Por último, cuando esa misma persona insiste en afirmar que el carnaval de su ciudad fue puesto por él en lo más alto del país, mientras que, en realidad, eso está lejos de ser cierto y cada año las comparsas tienen menos presupuesto y la propuesta no termina de seducir al turismo, ya la mitomanía comienza a ser sospechosa.
Por tal motivo, cuando esa persona, encima de invitar a seguir creciendo, asegura que sabe lo que falta, el problema ya deja de responder a una mitomanía para convertirse en un caso de evidente hipocresía, la cual se ve agravada cuando para difundir toda esa mítica hipocresía gasta una fortuna de dinero. Allí, sin lugar a dudas, nos encontramos frente a una simple, llana y alevosa estafa.
Norman Robson para Gualeguay21

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