Días atrás, un vecino escritor de Gobernador Mansilla, al llevar desperdicios de unas tareas realizadas, se encontró entre los desperdicios desparramado en el basural de su ciudad tres bolsones conteniendo cientos de libros aún en buen estado. Tres contenedores de esos en que se distribuye arena, o se acumulan basuras, con ejemplares de todos géneros, escritores y editoriales habidas y por haber. Pero su conmoción fue cuando se encontró con uno de los suyos, una obra de poesías, Un miércoles para mí.
Se trata de Horacio Kulesa, quien en sus redes reconoció que hoy los tiempos han cambiado y ya pocos se interesan en la lectura, pero entiende que no por ello semejante patrimonio cultural puede terminar en un basural para ser quemado, o enterrado, o bien pudrirse a la intemperie. Rescató algunos y se los llevó a su casa
A partir de ésto, se supo que se trataba de libros de la biblioteca de la Escuela 8 Román Deheza, quien se los había donado a la Municipalidad local, en el marco de un supuesto expurgo, un término difícil para definir limpieza. El destino de estos libros debería haber sido, según la entidad donante, la biblioteca municipal, pero la gestión del Intendente Francisco José Pasinatto eligió tirarlos a la basura.
Vale concluir que la calidad política reinante en algunos territorios no comprende el significado de la cultura para las comunidades, no alcanza a concebir que es donde se guarda y custodia su identidad, un patrimonio que define la soberanía distintiva que reune y fortalece a los pueblos. Con el tiempo se han ido imponiendo estas ideas y conductas de desprecio por la cultura, y llegará el momento en que habremos perdido hasta nuestro acervo, y ya no nos importará saber quienes somos, ni de dónde venimos, o a dónde vamos. Triste.
Norman Robson para Gualeguay21


















