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El ejemplo de Federico

Marcar un antes y un después en la historia de una sociedad significa modificar su modelo y transformar la cultura de sus individuos. Quienes impulsan estas instancias lo hacen a partir de un ejemplo, pero el proceso se consuma recién cuando la sociedad imita ese ejemplo. A un año de su partida, creo que Federico Bogdan le legó a Gualeguay un gran ejemplo, pero aún falta que esta sociedad siga ese ejemplo y consume ese antes y después que él soñó. Este gringo no hizo milagros, ni merece que se los inventen, el solo profesó, tercamente, su convicción de que con solidaridad y honestidad se puede hacer de todo, y así lo demostró.

Así lo había demostrado en las entidades intermedias en las que había participado, donde él no gestionó, sino que abrió su corazón hacia afuera, y, donde valoraron eso, le habrieron el suyo. Así pasó con la gente del Hospital Alemán y de la Fundación Tzu Chi, solo por nombrar algunos ejemplos. Bogdan transpiraba solidaridad y honestidad, requisitos indispensables en esa misión que él se había impuesto: Construir una realidad de justicia y bienestar para todos. Esa virtud, o don, por escaso, es muy valorado en el universo de las asociaciones de bien público.

Es ahí donde Bogdan inició su apostolado. Desde las ONGs, él comenzó a demostrar que ser solidario y honesto daba resultados. Demostró que no hacía falta un traje y hablar lindo para hacer cosas, sino que bastaba una sonrisa, un mate y un gran corazón. Recursos aún escasos. Pero, en las entidades, este gringo sufrió siempre lo condicionamientos que le imponían desde más arriba. Las trabas que se encontraba siempre venían desde el poder político, donde nada era solidario, y mucho menos era honesto. Fue entonces que entendió que su misión debía continuar en la arena política, ya que desde allí podría cerrar sus procesos sin impedimentos. Así fue que se postuló como intendente, ganó, y volvió a ganar. 

En sus cinco años de gobierno, Bogdan descubrió, finalmente, que cambiar el modelo cultural de egoismo y corrupción por uno de solidaridad y honestidad era posible, y, así, demostró que con “manos limpias y uñas cortas” se podía construir justicia y bienestar. a pesar de las miserias imperantes en la política, y de que en ésta nunca encontraría corazones abiertos.

Ese es el gran ejemplo que Federico le dejó a los gualeyos, el cual los gualeyos deben imitar, no idolatrizar. Ese gringo, con su conducta al frente de entidades, así como al frente del gobierno, más allá de sus muchos defectos y errores, dejó claro que la transformación es posible, que no es una utopía, que hay que hacerla nomás”.

De este modo, creo que honrar la memoria de Federico no es endiosarlo, pues nadie puede imitar dioses, sino que debemos honrarla alineándonos todos para concretar su sueño, su misión, de lograr un antes y un después en la historia de Gualeguay, un futuro de solidaridad y honestidad, de justicia y bienestar. Ese gringo le dejó a Gualeguay un norte, ahora es Gualeguay quien tiene que demostrar con hechos y no con palabras que está a la altura de ese desafío.

Norman Robson para Gualeguay21

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