Al igual que en julio del año pasado, otra vez resucitó en estos días, entre por lo menos algunos clubes preocupados por sus jugadores, la duda sobre qué es más conveniente, si el Cem o el Hospital San Antonio a la hora de lastimarse alguno en un partido. Preocupa, y ocupa, a las instituciones deportivas que, llegado el caso, sus jóvenes no resulten víctimas de intereses ajenos a la salud y al deporte. Los arreglos entre el hospital público y el privado los inquietan.
Pasa que para unos son cápitas, para otros son socios, y, aunque para todos deberían ser sujetos de salud, no siempre es así, a la vez que, en este caso, cada atención es plata que le entra al prestador por el seguro.
El pasado lunes 12 de mayo, el director del hospital San Antonio, el Dr. Mauricio Besinsky, en orden a lo acordado en una reunión con autoridades del Cem y de los clubes, celebrada el jueves 8, confirmó por nota, dirigida al presidente de la Liga, Sr. Luis Cogorno, que todo jugador que precise atención médica será derivado al Cem, salvo que la gravedad del caso obligue a derivarlo al San Antonio.
El Dr. Besinsky justificó esa medida alegando la “imperiosa necesidad de descomprimir la demanda en la Guardia de ese nosocomio, donde se brinda atención no solo a la sociedad de Gualeguay, sino también a pacientes de zonas aledañas y ciudades vecinas, encontrándose limitada reiteradamente la capacidad de internación, con acumulación de pacientes y tiempo de espera”.
Siendo que cada jugador está asegurado, y que cada atención es cubierta por la compañía de seguros, de este modo, el efector público, el hospital San Antonio, le transfiere a su par privado, el CEM, el “negocio” de las emergencias deportivas. En otras palabras, el público, del Estado, sacrifica un ingreso de dinero en favor de un privado.
Ahora bien, la historia dice que pasan dos cosas con los jugadores que llegan lastimados al Cem: aquellos que no son derivados al hospital San Antonio porque no pueden brindarles la atención que necesitan, se van allí por sus propios medios, disconformes con la atención. En síntesis, luego de que cobra el efector privado, el problema va al efector público para ser allí resuelto.
En resumen, el miedo de algunos dirigentes es que, en estos “tejes y manejes”, el jugador sufra alguna consecuencia, pues no se lo merece. En jugador, a través del Club, paga el seguro para estar bien cubierto.
Norman Robson para Gualeguay21


















