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El lado oscuro de la Justicia de Gualeguay: Capítulo X – Conclusiones

A lo largo de las sucesivas publicaciones bajo el título El Lado Oscuro de la Justicia de Gualeguay fuimos desnudando la traición a su misión por parte de sus jueces y fiscales, junto al desprecio de éstos por la vida de inocentes y sus familias. Quedó expuesto, así, un régimen judicial funcional al poder, impuesto desde la soberbia y absoluta impunidad de su cúpula. Si bien no se trata de una novedad en la historia argentina, ya que hay antecedentes que datan de principios del siglo pasado, sí asusta la naturalización de un modelo de Justicia heredado de la Dictadura militar de los setentas.

Desde chicos, aprendimos que la Justicia es la que dice qué está bien y qué está mal, siempre en base a lo cierto y según lo que dice la ley. Conforme fuimos creciendo, aprendimos que la Justicia es un modelo de orden para nuestra convivencia, basado en leyes de estricto cumplimiento, ideadas para proteger nuestra integridad particular y promover nuestro desarrollo. Ahora bien, en la madurez, la realidad nos muestra cómo se corrompió esa Justicia, y que esa perversión no es exclusiva de una jurisdicción, ni de una época, sino que hoy la puede sufrir cualquier ciudadano común.

En los capítulos anteriores, hemos visto cómo la Justicia de Gualeguay se ha apartado de la verdad para construir causas, y las ha llevado adelante vulnerando nuestros más sagrados derechos, cuando no las ha pervertido en favor de otros. De igual modo, hemos visto que, a pesar de la frecuencia con que se ha “equivocado”, de lo grosero de esas “equivocaciones”, y de la indiferencia hacia los injustos daños ocasionados, los agentes de justicia, responsables de todo esto, son beneficiados con la total impunidad.

Tan impunes se sienten que, cuando se los cuestiona, han llegado a burlarse de la situación alegando que para eso están las siguientes instancias, totalmente indiferentes al daño ocasionado a sus víctimas. Si persiste el cuestionamiento, recurren a la jurisprudencia de lenguaje difícil, o, mejor aún, acusan a quien los señala de atacar la República. Siempre sin mostrar el menor escrúpulo por las vidas arruinadas, que fueron demasiadas en estos últimos tiempos.

Pero esta corrupción y esta impunidad en la Justicia no es algo nuevo, ni acá ni en este país, sino que nació con la dictadura de 1930, y se desarrolló durante los seis procesos que sufrió la Argentina desde entonces, siempre al servicio del poder. En esos contextos, jueces, fiscales y abogados facilitaron los atropellos del poder, sea armando causas para someter a quienes se interpongan, o impidiendo la investigación de sus múltiples crímenes, o, simplemente, para enriquecerse.

“Cualquier parecido con la realidad no es casualidad, es herencia”

El libro “¿Usted también, doctor?” es una investigación sobre la última dictadura militar que expone la complicidad del aparato judicial de entonces con el poder, acompañando activamente la represión y los abusos. En ese trabajo se define al Poder Judicial como cómplice del régimen, a la vez que se argumenta el rol clave de sostén de la represión estatal y su legitimación política, legal e institucional. En otras palabras, el libro prueba que, sin aquella Justicia corrupta, la dictadura no hubiese consumado sus alevosos abusos.

Salvando las distancias, y aunque bajo regímenes democráticos más “civilizados”, pero tan interesados en enriquecerse como aquellos, la actitud actual de la Justicia de Gualeguay no es muy diferente. Hoy, el Poder Judicial local sigue siendo tan cómplice del Poder de turno como lo fue entonces, armando causas, blindando impunidad, y cubriéndose recíprocamente unos a otros, de modo de que puedan seguir perpetuándose y enriqueciéndose.

Hoy, tal vez, no hay tanta muerte, tanto ultraje, tanta sangre, pero el desprecio por la vida del otro, o su muerte en vida, sigue siendo esencialmente el mismo. Al leer esta investigación salen a la luz similitudes entre el presente gualeyo y aquel pasado oscuro, a la vez que ayuda a comprender la realidad de la injusticia actual, producto de las mismas miserias humanas de antes: la codicia y el egoísmo.

Por ejemplo, cuando en una fiscalía de Tribunales, al anochecer, se reúnen agentes de justicia y abogados para confabular en el armado de una causa, con objetivos claramente económicos y/o políticos, y estrategias que incluyen detenciones inmediatas y oportunas filtraciones a la prensa, se está frente a prácticas propias del terrorismo de Estado.

Lo mismo cuando confabulan fiscales, abogados y civiles para acusar falsamente a un empresario, o a un periodista. O cuando acuerdan “apretar” a una mujer a acusar a su expareja por violento. O, en su defecto, cuando acomodan los hechos de forma de ocultar a los culpables y culpar a un inocente. O cuando acusadores y defensores definen estrategias para dilatar eternamente las causas.

Ni hablar cuando amenazan a los imputados inocentes con exorbitantes penas si van a juicio oral, y le ofrecen penas leves si se declaran culpables en juicios abreviados, solo para engrosar sus estadísticas. O, directamente, los condenan sin pruebas porque es pobre, homosexual o de otra ciudad o provincia.

Conclusión de conclusiones

La Justicia de Gualeguay está lejos de ser la Justicia que merecen los gualeyos, quienes, definitivamente, no merecen vivir en el estado de indefención e injusticia en que viven. Corregir esta situación, y restaurar la justicia y la República, solo está en manos de ciudadanos, ya que ningún político querrá corregirla, ya que unos y otros son socios en todo esto.

Para corregir este presente de corrupción e injusticia, conocer lo que pasa debería ser el primer objetivo, denunciar los abusos y perversiones que se detecten debería ser el segundo objetivo, y derribar la impunidad de los agentes de justicia debería ser el tercer objetivo.

Sólo así Gualeguay recuperará la paz. Solo así, los culpables volverán a ser culpables y estarán presos, mientras los inocentes volverán a ser inocentes y estarán libres.

Por último, vale destacar que la única misión editorial de Gualeguay21 es solo exponer la realidad ante la comunidad, sea cual sea. Que eso redunde en soluciones o mejoras, solo es un premio extra a nuestra labor.

Norman Robson para Gualeguay21

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