Rectángulo Image

El legado olvidado de una mujer gualeya en tiempos difíciles

Gualeguay encierra muchas sorpresas, las cuales, muy a pesar de los gualeyos, de vez en vez, florecen al azar. Por estos días, por descuido de la miseria, alguien que sabe de valores, y no los esconde en su placar, aprovechó la oportunidad de ese descuido para desempolvar algo de historia y ponerla sobre la mesa. Así fue que recogí el guante, tomé la pala, y me puse a excavar en ese pedacito de pasado, justamente denunciado como olvidado. Una obra suya sirve para comenzar a conocerla.

Se trata de una colega, una mujer que, a pesar de eso, se embanderó en la verdad para enfrentar la mentira, solo muñida de su pluma. Fue justo a mediados del siglo pasado, cuando no era fácil ser periodista, y mucho menos lo era ser mujer. Fue en tiempos en que escribir se les permitía, pero decir les estaba prohibido.

Al hurgar en su pasado, me encuentro con que lo suyo era escribir verdades, sea como noticias, o sea como poesías. Una pieza suya me enrostra que, aunque el tiempo haya pasado, aún no hemos aprendido a rezar, a la vez que habla mucho de ella.

El título de esta poesía es “Plegaria para los que viven”, y, por razones que solo la intimidad de su historia personal puede explicar, la firmó como “Thames”. Según pude averiguar, ésta decía algo así:

“No recemos por los muertos, porque ellos ya no necesitan de nosotros.

Recemos sí por los que siguen viviendo, y están muertos para sus semejantes.

Recemos para que vean los ojos que no ven, oigan los oídos que no oyen, y amen los corazones que nunca se abrieron para el amor.

Por los que tiemblan al escuchar el murmullo de las hojas de los cipreses en los cementerios, y pasan sin conmoverse ante los muros de un hospital.

Recemos por los que comen sin pudor alguno junto a los hambrientos que miran.

Por los que condenan a inocentes.

Por aquellos que se burlan de la mujer que se hizo madre sin tener al hombre responsable de su desdicha.

Por los que vuelven la espalda al que ven sucio por fuera, y que por dentro es más limpio que ellos.

Por aquellos que condenan sin recordar que equivocarse es condición humana.

Por los que aman las mariposas para matarlas.

Recemos por los que encierran a los pájaros, porque envidian su facultad de vuelo.

Por los que sin tener oro para llenar sus bolsas, las llenan de odio.

Por los que arrancan las flores de una planta y las deshojan al azar.

Por los mordidos de envidia, que no pueden alegrarse del triunfo de los demás.

Por ellos, que no pueden comprender que todos somos uno, y uno somos todos”.

Por mi parte, y a la distancia del tiempo, solo le agregaría que recemos, también, por los vivos que olvidamos nuestro pasado, nuestra historia.

Esta poesía fue incluida en el libro “Rostros y almas”, editado en 1961, meses antes de que yo naciera. El crédito fue entonces de Thames, el seudónimo elegido por Francisca Arrigui.

Francisca era una vecina de Gualeguay, nacida en 1887, y casada con Avidencio Garibotti. Pero, más que nada, fue la primera directora del diario local El Pregón, fundado por Garibotti, Sastre y Alarcón Muñiz, en marzo de 1945, en la esquina de 25 de Mayo e Islas Malvinas.

Francisca, mujer de 58 años, dirigió El Pregón en tiempos en que no era fácil hacerlo, ni siquiera para los hombres. No muy lejos, en la capital, otra mujer indocil hacía lo propio en el diario Crítica, donde otra gualeya, también indocil, trabajaba.

Francisca falleció en el ’74, a los 86 años, dejando tras ella una vida digna de recordar.

Norman Robson para Gualeguay21

1 thought on “El legado olvidado de una mujer gualeya en tiempos difíciles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× HOLA!