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El Padre Brassesco visitó Roma

El P. Pedro Brassesco, Director Diocesano de OMP Gualeguaychú, participó en Roma de un curso organizado por el Secretariado General de la Pontificia Unión Misional en lengua española. El mismo se extendió del 30 de enero  al 15 de febrero y participaron 30 representantes de distintos países de Latinoamérca, España, Guinea Ecuatorial y Portugal.

El Curso articuló través de exposiciones docentes, trabajos en pequeños grupos y visitas a lugares especialmente evocadores del compromiso misionero de la Iglesia. Las cuestiones misionológicas han sido tratadas por el profesor José Ramón Villar, de la Facultad de Teología de Navarra, quien ha desarrollado la teología de la misión ad gentes, el hecho religioso, el diálogo interreligioso, la Iglesia y el Reino de Dios. Por su parte, el profesor Vito del Prete, secretario general de la Pontificia Unión Misional, ha expuesto los temas relacionados con los nuevos areópagos y la actualidad de cada una de las Obras Misionales Pontificias. Asimismo, explicó con detenimiento los criterios modernos de cooperación misionera a la luz de la Instrucción Cooperatio Missionalis. El padre Gerardo Roncero, secretario de la Obra Propagación de la Fe, ayudó a los participantes en la reflexión sobre la espiritualidad apostólica y misionera.

 

 

 

Desde la Facultad de Teología de Burgos, se trasladó a Roma el profesor Eloy Bueno para hacer una exposición sistemática y orgánica sobre los responsables de la misión ad gentes y las principales interpelaciones actuales que esta actividad de la Iglesia hace a las comunidades cristianas. Finalmente, el director nacional de Obras Misionales Pontificias de España, Anastasio Gil, desentrañó cuál es la función y el trabajo propio y específico de las delegaciones diocesanas de Misiones y las direcciones diocesanas de las OMP.

Esta dimensión expositiva fue completada por diversos grupos de trabajo, en los que los participantes podían reflexionar juntos, proponer iniciativas y sobre todo intercambiar experiencias. Para ello, se integraron en estos pequeños círculos tanto representantes de América como de España. Una vez más, se ha podido comprobar que en la animación misionera no hay Iglesias locales tan experimentadas que no necesiten nada de las demás, ni tan pobres que no puedan aportar sus propias iniciativas.

Completaron el resto de las actividades varias salidas de los participantes en el Curso para celebrar la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, para participar en la audiencia con el Santo Padre, visitar la sede de las OMP de Italia, celebrar la Eucaristía en las Catacumbas de Priscila, visitar el Archivo histórico de Propagación de la Fe, la sede de las OMP en la Congregación de Propaganda Fide y compartir esta experiencia con los sacerdotes residentes en el Colegio Español de Roma.

Todos los participantes en el Curso agradecieron a Dios y a la organización en el acto de clausura la posibilidad de haber podido compartir durante 20 días una reflexión tan profunda y a la vez tan articulada de lo que es su tarea como responsables de la formación y animación misionera en la iglesia local. Juntos iban subrayando compromisos concretos que abordarían con mayor intensidad a su retorno a los lugares de origen. Compromisos  como la creación de centros o lugares de formación para sacerdotes, agentes de pastoral y, sobre todo, laicos misioneros, la disponibilidad para promover en sus respectivas diócesis la misión ad gentes como tema transversal de la pastoral en colaboración con otras delegaciones diocesanas, promover en su Iglesia local el desarrollo de la dimensión universal de la fe y de la cooperación entre todos, dotar a las delegaciones diocesanas de Misiones del tiempo y recursos humanos y materiales para que sigan cooperando con el dinamismo misionero que ha de estar en la entraña de la vida diocesana, más allá de las urgencias y prioridades inmediatas que a veces desplazan a lo más importante.

Los participantes hicieron propuestas serias y de largo alcance, como es la petición de que se declare un año mundial misionero, que se celebren congresos internacionales de misiones, hacer presente en los medios de comunicación la vida y el atractivo de los misioneros u ofrecer a toda la Iglesia una oración común para que todos los fieles tengan una misma voz y un mismo sentir a la hora de suplicar al Padre que envíe misioneros a su mies.

Entre las principales dificultades que se experimentan en el trabajo ordinario de las delegaciones diocesanas, se destaca la de desmontar un prejuicio que está muy anclado en la pastoral ordinaria: considerar que las delegaciones diocesanas de Misiones sólo tienen como finalidad la cooperación económica. Aun siendo esto importante y necesario, sin embargo esta dimensión de cooperación material sólo puede ser consecuencia de la cooperación espiritual y, sobre todo, de la convicción de que la fe, por sí misma, es misionera.

También en el capítulo de las dificultades, se hace referencia a la urgencia de promover, acompañar y formar vocaciones misioneras ad vitam. Parece que éstas han sido sustituidas por otro tipo de compromiso misionero de carácter más temporal y perentorio. Están bien las experiencias misioneras que muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos viven junto a quienes trabajan en la frontera de la misión, pero estas experiencias serían estériles si no fueran acompañadas de una propuesta clara de entrega total y radical a los más pobres.

Finalmente, otra de las dificultades que en las exposiciones y en los trabajos en grupo sale con frecuencia es la influencia negativa que está ejerciendo en la animación misionera el secularismo, el individualismo y el relativismo, reduciendo el compromiso misionero en ocasiones a un sentimentalismo (fermentado por testimonios fugaces) o a considerar la misión como una simple tarea que puntualmente se celebra en una Jornada, en vez de una dimensión que traspasa todos los umbrales de la vida cristiana.

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