Se conoce como periodista digital a aquel que investiga, produce y distribuye contenido informativo a través de las plataformas que ofrece internet. Un jugador que, con una población cada vez más habituada a utilizar internet y las redes sociales para informarse, adquiere un rol cada vez más importante. Por otra parte, y al mismo tiempo, ante la crisis de los medios masivos, crece el periodismo de cercanía, concentrado en lo local y vinculado emocionalmente con el territorio. Una combinación de ambos es lo que se viene.
La modernidad trajo consigo la revolución tecnológica, y ésta redujo los tiempos y las distancias, la inmediatez y el individualismo, y otros tantos vicios. A ésto llamaron globalización, y redundó en una sobrecarga informativa de la sociedad, que solo generó cada vez más abulia e indiferencia. Ver en tiempo real un tsunami en Japón fue emocionante, pero una vez. Cuando se juntó con la bolsa de Moscú, la hambruna en África, la matanza de canguros en Oceanía y el deshielo en Alaska, ya fue demasiado, y las audiencias huyeron.
Al mismo tiempo, surgían las redes sociales, y allí se refugiaron hasta ahora. Allí pican información, lo justo y necesario. Eso, más la creciente abulia social, hoy complica a los grandes medios masivos, los cuales ven desmoronarse, día a día, sus audiencias.
En este contexto surge el periodismo digital, y se ha desarrollado el periodismo de cercanía. Más flexibles, dinámicos, interpretan las expectativas de sus territorios y rápidamente elaboran respuestas: en texto, en video, en podcast, o en todas las variantes al mismo tiempo. Con información puntual y sintética, o con análisis sencillos o mediante el story-telling, la audiencia encuentra formas amigables de informarse e, incluso, pensar.
Al mismo tiempo, estos periodistas intiman con sus audiencias, generando confianza y fidelidad, hoy indispensables para cualquier negocio como éste. Cabe destacar que ese vínculo de intimidad con la comunidad es el que enriquece sus investigaciones, ya que éstas se nutren de los mismos vecinos, muchas veces sin ir a buscarlas.
Por otro lado, la mínima infraestructura que necesita un periodismo digital y de cercanía, el cual es básicamente artesanal, comparada con los grandes presupuestos de los medios masivos, le permite liberarse de la pauta oficial y ejercer un periodismo independiente, sin miedo a represalias de algún tipo quebpuedan comprometer su economía.
De este modo, este nuevo periodismo va más allá de la primicia, se aleja de la inmediatez, y desarrolla contenidos a medida de sus audiencias, incluso contemplándolas por separado, con productos dedicados a cada nicho: agropecuarios, comerciantes, deportistas, carnavaleros, amantes del río, etcétera. Es como si la propia audiencia desarrollara respuestas específicas a sus propias inquietudes, respuestas desde parte de la noticia, desde adentro, lo que hace que el destinatario se sienta identificado con la fuente. ¿Qué más puede pedir?
En este escenario, este nuevo informante, suerte de personal coacher de la noticia, no combate contra las fake news, ni contra la inteligencia artificial, por lo menos no todavía. Sino que las puede aprovechar para potenciar su servicio personalizado a su comunidad. Hasta la irrupción de este nuevo comunicador, los grandes medios elaboraban y vendían productos masivos, híbridos, incoloros, unisex. Hoy, a partir del periodismo digital y de cercanía, las masas tienen sus propios medios territoriales, artesanales, amigables, a la medida de sus pretensiones, y, encima, de parte de alguien conocido que los conoce.
Norman Robson para Gualeguay21


















