El problema está presente

Este tipo de hechos, por sus características sociopatológicas, puede llamarse violencia juvenil, y así evitar la palabra bullying, que es precisamente la adecuada pero que algunos pretenden circunscribirla al ámbito escolar.
Esta violencia juvenil ha explotado últimamente en nuestra ciudad con casos elocuentes en los operativos de Tránsito, jóvenes imponiéndose físicamente contra los agentes, y en las salidas de los boliches, chicas y chicos unos contra otros.
Todos estos hechos no habrían tomado mayor estado público si no fuera por el video difundido a nivel nacional donde una joven agrede a golpes a otra, a la salida de Zoo, ante la pasiva mirada de varios jóvenes.
Tal es la preocupación que reina en otras comunidades, que días atrás, el diario UNO publicó una suerte de ranking nacional donde Gualeguay figuraba con aquel famoso video.
Paralelamente, mientras la sociedad reaccionaba de distinta forma ante esta publicación, la provincia, a través de la agencia APF, se enteraba del caso local donde una menor embistió a rebencazos a dos amigas mientras la alentaban sus padres.
Ambas noticias, replicadas por Gualeguay21 por las serias implicancias que tienen en el desarrollo social local, dispararon diferentes opiniones sobre este preocupante flagelo social que debería preocupar y ocupar a toda la comunidad.
Entre las distintas manifestaciones provocadas, hubo quienes desestimaron la gravedad del tema argumentando que esto ha ocurrido siempre, cuando, si bien siempre hubo hechos violentos, nunca de estas características involucrando a jóvenes menores de edad y con tanta frecuencia.
Del mismo modo, otros pretendieron restarle importancia al problema justificándolo porque ocurre en todos lados, lo cual no deja de ser cierto, ya que estos brotes de violencia se ven a lo largo y ancho del país, pero son muy pocas las sociedades necias que no reconocen en esto un problema social de incipiente peligrosidad y que no reaccionan en tal sentido.
Por último, existen quienes consideran que estos hechos no deben informarse ni difundirse por el daño que le hacen a la ciudad, ya que la trascendencia de estos hechos afectaría la imagen.
Esta gente pretende conservar a Gualeguay con una imagen irreal de si misma, algo que contradice algunos preceptos democráticos y filosóficos importantes, ya que los vecinos de una comunidad tienen derecho a informarse sobre la realidad que viven y, al mismo tiempo, tienen derecho a saber qué es lo que tienen que corregir antes de que les explote en las manos.
Es así como evolucionan las comunidades.
Si no nos hacemos cargo de nuestros problemas, si preferimos menospreciarlos antes que asumirlos, y si, encima, pretendemos esconderlos para proyectar que vivimos en un paraíso, estamos en una situación más que grave.
Las comunidades modernas y maduras entienden que para crecer como sociedad deben hacerse cargo de sus problemas, asumir su verdadero grado de importancia, siempre entendiendo que para vivir en un paraíso hay que trabajar denodadamente para construirlo y conservarlo.
En definitiva, ignorar la existencia de la violencia juvenil o bullying es más grave que el problema en sí.
El bullying existe, no solo existe en nuestra ciudad, sino que existe en nuestra ciudad con niveles preocupantes de frecuencia y violencia.
Finalmente, es bienvenida una ley que ayude a la lucha contra este flagelo juvenil, pero la ley, para ser efectiva, debe ser acompañada por una sociedad cosnciente del problema y dispuesta a atacarlo.
Norman Robson para Gualeguay21

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