Rectángulo Image

El sueño de ser profesional

Muchos jóvenes y adultos de contextos vulnerables encuentran numerosos impedimentos para poder no solo culminar sus estudios secundarios sino también para poder encarar una carrera terciaria, universitaria o un profesorado.

Gracias al apoyo que reciben de diversas organizaciones sociales para muchos de ellos estudiar ya no es solo un privilegio de algunos sino que es un derecho al que tienen acceso.

 

 

 

Para muchos jóvenes de familias de bajos recursos estudiar una carrera es casi imposible. En estos hogares es la necesidad la que decide el destino de cada integrante que, en la mayoría de los casos deriva en la urgencia de conseguir un trabajo o encargarse del cuidado de sus hermanos menores, por lo que los estudios quedan para el plano de los sueños.

Pero aún así, hay jóvenes y adultos que a prueba de sacrificio y dedicación logran concretar el anhelo de ser profesionales.

En este punto el sostén brindado por organizaciones no gubernamentales o asociaciones es muy importante, ya que les brindan la contención, el apoyo y el seguimiento necesario para que no bajen los brazos y crean en sus capacidades.

Y no es otra cosa lo que sucede en Emaús, un plan de inclusión educativa de Cáritas –nacional y diocesana que funciona junto a la capilla Oratorio de Fátima del Barrio de Médanos. Allí, a través de un programa se les brinda una mínima ayuda económica pero lo más importante es la contención y el acompañamiento que encuentran en este espacio y también la labor que estos jóvenes realizan en el lugar.

Animarse a estudiar

El Argentino dialogó con algunos jóvenes y adultos que asisten a Emaús a colaborar en los diversos proyectos que allí se realizan para conocer cómo fue que decidieron estudiar y cómo les está yendo en este camino.

Micaela, tiene 26 años es casada y tiene dos hijos (de tres y seis años) y estudia el Profesorado de Educación Primaria.

“En un primer momento me ayudó a decidirme a estudiar la pequeña beca de Emaús porque cuando uno tiene una familia -dos hijos- la verdad que se complica, por lo menos con este pequeño incentivo se que puedo comprar todos los meses el material que necesito para estudiar”, explicó Micaela.

En tanto, señaló: “yo tenía mucho miedo a fracasar de nuevo, porque ya empecé una carrera y tuve que dejarla. Tenía que animarme”.

“Al principio me costó organizarme. Empecé por levantarme más temprano y a medir los tiempos para poder cocinar y organizarme con la casa y los chicos”, detalló.

Micaela, junto a otras colaboradoras brinda clases de apoyo escolar en Emaús. “Para nosotras, que estudiamos magisterio, las clases de apoyo que damos acá nos sirve mucho. Además tenemos acceso a la Biblioteca y nos podemos llevar los libros a nuestra casa”, afirmó esta mamá para quien la decisión de estudiar no fue nada fácil.

María Luz es otra de las jóvenes que vive en la zona de Médanos y que está estudiando el Profesorado de Enseñanza Primaria y que brinda clases de apoyo escolar en la asociación.

Un caso un poco diferente quizás es el de Leonardo, que tiene 22 años y va por el tercer año del profesorado de Física en el Instituto Superior de Formación Docente “María Inés Elizalde”. Leonardo vive en el barrio del Tiro Federal y colabora en los talleres de Recreación de Emaús –que se realizan todos los martes. “Yo vivo con mis padres y por suerte tengo la posibilidad de estudiar”, destacó Leo.

Similar es la situación de Ornela, una jovencita de 18 años que estudia el Profesorado de Enseñanza Primaria. “Este año comencé a colaborar con Emaús como mochilera”, indicó Ornela. El programa de mochileros se basa en que un grupo de jóvenes cargan sus mochilas con juegos y alfombras y van a la plaza del barrio de Médanos donde despliegan la alfombra y juegan con los niños que se acercan.

Natalia y Gabriela son estudiantes del Profesorado de Educación Física y estudian en Gualeguay. Natalia tiene 24 años “recién cumplidos”, aclara y este año terminó de cursar su carrera por lo que este año volverá a vivir a Gualeguaychú tras haber vivido cuatro años en la ciudad de Gualeguay. La joven se contactó con Emaús ya que fue invitada a coordinar una actividad que se realizó en una playa y, ahora forma parte del programa de Mochileros. Respecto a esta actividad, Natalia afirmó que “los chicos nos están esperando. Si faltamos nos preguntan ‘seño porqué no vinieron el sábado’”.

El caso de Zulema es similar al de Micaela ya que son las únicas que tienen una familia formada. Zulema tiene 35 años, es casada y tiene tres hijos (de catorce, once y cuatro años). Estudia el primer año del profesorado de Enseñanza Primaria.

“Siempre tuve ganas de estudiar. Me casé muy jovencita y siempre fui postergando el estudio ante otras prioridades. Pero siempre pensé ‘yo también puedo’ o ‘yo me lo merezco”, indica Zulema cuya reflexión representa el sentimiento de miles de personas que por diversas cuestiones no pudieron cumplir su sueño de estudiar.

“Después de decirme vino la incertidumbre de si realmente podría hacerlo. Tuve mucho miedo”, reconoció.

“Además yo tenía un kiosquito, porque mi marido estaba sin trabajo y eso me llevaba mucho tiempo al igual que los chicos; porque siempre fui una madre que estuve encima de ellos. Cuando mi marido consiguió trabajo y pude cerrar el kiosco –en septiembre- tuve un poco más de tiempo para estudiar, porque antes realmente estaba durmiendo muy poco, me levantaba a las cuatro de la mañana”, recuerda.

“Lo lindo es saber que pude lograrlo, que pasamos el primer año y tengo todas las materias al día. Haber afrontado ese desafío fue muy importante en mi vida”.

Por otro lado, Zulema destacó la labor de clases de apoyo que realiza junto a Micaela y María Luz en Emaús. “Los chicos nos dicen ‘seño’ y la verdad que al principio sentía que me quedaba grande. Hoy siento el reconocimiento y eso me llena de orgullo y me incentiva para seguir adelante”.

Otro testimonio fue el de Marcos, de 29 años, quien tiene una hija de seis años y estudia el Profesorado de Pedagogía, en el ISFD “María Inés Elizalde”.

“Yo había estudiado el Profesorado de Música pero tuve que abandonarlo. Decidí arrancar la carrera de Pedagogía de cero y ahora estoy viendo si el año que viene la puedo terminar”.

Asimismo, Marcos recuerda que “mi relación con Emaús comenzó cuando fui invitado a tocar en el barrio y comencé a enseñar música a adolescentes y chicos. He trabajado mucho en los barrios pero acá fue distinto los chicos están muy comprometidos y necesitan conservar este espacio. Fue así que se formó la banda la “La F.O.” –La Familia del Oeste- conformada por unos nueve adolescentes del barrio”.

El último relato fue el de Rocío, para quien la vida no ha sido nada fácil. Ella vive en el corazón del barrio de Médanos, tiene 23 años y está estudiando el primer año del Profesorado de Psicología.

“Emaús fue decisivo para que empiece a estudiar. Llegué acá por mis hermanos que venían a los talleres y fue el empujón que me faltaba”, señaló Rocío.

“A veces es difícil estudiar. A mí ya me pasó de tener que dejar de estudiar porque no tenía plata para los apuntes. Pero lo más importante es que en Emaús siempre hay alguien que te escuche”, concluyó Rocío quien reconoció que a mediados de año y por cuestiones personales tuvo deseos de abandonar los estudios pero el apoyo emocional de los integrantes de Emaús la convencieron para que siga adelante.

Rocío Fernández para El Argentino

Fotografía de Ricardo Santellán

× HOLA!