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Gualeguay Coral a los ojos de un maestro que la acompaña desde su inicio

En todo arte hay maestros, académicos, esos que saben, y, en cuestión de coros, Marcelo Ortiz Rocca es uno de esos. Este prestigioso y virtuoso director coral, reconocido alrededor del mundo, participa de nuestros encuentros corales desde sus comienzos, en el año 2000. Él solo ya es una tradición en nuestros eventos. La pregunta fue porqué una eminencia en la materia, de su categoría, que dirigió en escenarios europeos deleitando a aristocráticas plateas, visita cada año nuestra ciudad. ¿A qué viene a Gualeguay este Messi del arte vocal? 

Marcelo nació en Lomas, a mediados del siglo pasado, en el seno de una familia amante de la música y el canto. Desde sus seis años, tomó clases y practicó alrededor del piano de la casa. Más tarde, luego de unos años en la carrera equivocada, abrazó su vocación y su pasión por el arte vocal como una profesión, y comenzó a cosechar títulos en la materia. Sin dudas, no es un improvisado, y de ello dan fe las más renombradas casas de estudios del país y del exterior. Ortiz Rocca es hoy unos de los académicos más formados del país en dirección coral. Un científico de este arte.

Pero, a pesar de su extenso curriculum, Marcelo es un hombre sencillo que se entrega a la charla sincera. Este prominente académico del arte vocal no tiene un capricho con Gualeguay, no viene porque le gustó su gente o la vista de su río. Mucho menos para jactarse de sus lauros. Él viene porque, desde aquella primera vez, asumió un compromiso con Gualeguay, con Nora (Ferrando), y con sus coreutas, pues vio en ellos su misma pasión y vocación por la música coral. Pasión por cultivarla, por compartirla, por difundirla.

Charlando con él, destacó que el encuentro coral de Gualeguay es único en el país, y que ha crecido mucho en prestigio gracias a esa pasión que le imprimen cada año sus artífices e impulsores. “¿Sabés que es el único encuentro del país que no está planteado como negocio?”, me dice, y me cuenta que nuestro encuentro no apunta a “hacer plata”. Se refiere a la flexibilidad de la organización, la cual no obliga a elegir tal o cual hotel, ni tal o cual comedor, sino que lo deja a elección y bolsillo de las visitas. 

Es como que “Gualeguay abre sus brazos y se entrega desinteresadamente como escenario para la expresión coral”, y eso tiene un valor superlativo que la distingue en el calendario coral argentino. Entonces, Marcelo explica que esa libertad potencia la comodidad y alimenta la convivencia entre los coreutas, generando ese clima ideal para el intercambio y la camaradería.

“Fíjate el Canta Calle, es único también”, reconoce, como orgulloso. “No hay otro en el país”, resalta. Al hablar, Marcelo, en cierta forma, demuestra que se siente parte de este clásico gualeyo, un evento construido con esfuerzo y perseverancia, y que ya nos distingue. Él vio crecer este encuentro desde que nació, y entiende que es gracias a ese crecimiento que nuestro encuentro de coros se ha convertido en una tradición para la ciudad, y un clásico en la agenda coral nacional. Un festival que, por la creciente calidad de la convocatoria, por la cordialidad de sus anfitriones, y también por la cercanía, despierta cada vez más el interés de otros coros.

Y la charla se va yendo por las ramas. Marcelo habla y enseña, y quien lo escucha, si quiere, puede aprender. La generosidad conque comparte su experiencia conmueve. Contó sobre los escenarios y sus atributos, sobre cómo formar a los auditorios introduciendo las obras, sobre el valor de la cultura para las sociedades, y sobre la música coral advirtiendo sobre el valor agregado de los arreglos, pero, también, y en especial, el valor de esa música parida como coral por los grandes genios de este arte.

Gracias Maestro Marcelo Ortiz Rocca, gracias por querer a Gualeguay y por acompañar su historia coral.

Norman Robson para Gualeguay21

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