conciencia de que la promesa de la tierra es potencial, que solo la haremos realidad con la cultura del esfuerzo y la decisión de tomar no solamente de la tierra lo que se nos da, sino ofrendarle a ella. Para poder concretarlo, hay que tener la disposición espiritual de partir y compartir el pan. Este paraíso anunciado no consiste únicamente en la abundancia, sino en la equidad con que esta se disfruta.
La Argentina es tierra de promesas, ya que quienes llegaron para habitarla encontraron aquí las bendiciones de libertad, trabajo y pan. Sin embargo, esto no fue fruto de la gratuidad del jardín, sino del esfuerzo de trabajar la tierra y querer convertirla en paraíso. Un paraíso para los perseguidos y hambrientos que llegaron de Europa, que no solo sobrevivieron aquí, sino que vivieron con intensidad la construcción de un país que buscaba convertirse en una Nación y le ofrecieron lo sagrado de sus días en la ofrenda de esos valores esenciales que hacen que una sociedad multicultural pueda desarrollares en paz: un pacto y un contrato social. Recuperar la promesa de la tierra y vivir su paraíso es desplegar lo mesiánico en la obra de nuestras propias manos.
Un país como el nuestro tiene los recursos para alimentar a todos sus hijos. Por lo tanto, si eso no se cumple, no es porque seamos una tierra pobre, sino por ser una sociedad miserable, que no es capaz de encontrar el valor de la equidad que hace digna a una Nación y cumple el sueño de la tierra prometida, paraíso retratado en nuestra propia Constitución.
Volver al paraíso es regresar al jardín que habitaban los pueblos originarios, a la visión que inspiraron nuestros próceres y a la promesa con la que soñaron nuestros abuelos inmigrantes. Ellos, hijos de su tiempo, vislumbraron una utopía, una tierra prometida que, con el tiempo, habría de convertirse en Nación por medio de esfuerzos consensuados. Pero la historia que construimos los argentinos nos fue alejando cada vez más de esa quimera hasta convertirla casi en una fantasía. Por eso se impone articular un proyecto cívico que nos permita recuperar la bendición de una Nación plena y auténtica.
Rabino Sergio Bergman
















