Hay cosas que yo no puedo

Limitaciones que, en lugar de generarme impotencia, me generan una inmensa tranquilidad y paz interior.
Ser testigo de esta realidad de profunda exclusión y aguda postergación, a pesar de contar con un presupuesto, a valores constantes, cinco veces mayor que aquellos que contaron gestiones anteriores, ha desnudad mis puntos de impotencia.
En tal sentido, en honor a la coherencia que creo que debe primar entre lo que decimos y luego hacemos, descubro que hay muchas cosas que yo no puedo.
Por ejemplo, yo no puedo ser tan hipócrita de lamentarme públicamente por los más excluidos y, por otro lado, apoyar a quienes nos consta son los autores materiales de esa exclusión.
Yo no puedo.
Yo tampoco puedo ser tan descarado de ser testigo de que hay mucha gente que vive en la extrema pobreza, bajo nylon y entre pallets, sobre tierra, y, por otro lado, convalidar la gestión de quienes los condenaron injustamente a esa vida e, incluso, tienen el atrevimiento de culparlos por ella.
Yo no puedo.
Como tampoco puedo ser tan atrevido de llenarme la boca de justicia social y, por otro lado, consentir los intereses de quienes, a la vista de todos, obligan a los más necesitados a someterse y hacer cola para recibir alguna dádiva a cambio de favores.
Definitivamente, yo no puedo.
Por otro lado, yo no puedo ser tan sinvergüenza de reconocer la importancia del crecimiento económico para nuestra ciudad y, por otro lado, avalar a quienes primaron sus intereses particulares por sobre cualquier política de desarrollo genuino.
Yo no puedo.
Yo no puedo ser tan farsante de conocer la postergación de mi ciudad, comparada con cualquiera de sus vecinas, y, por otro lado, seguir a quienes la condenaron a los menores índices de crecimiento de la provincia por priorizar otras actividades.
Yo no puedo.
Como tampoco puedo ser tan desvergonzado de autodefinirme defensor de los derechos laborales de los trabajadores y, por otro lado, apoyar a quienes violan sistemáticamente todas las leyes vigentes abusándose de las necesidades de la gente.
Yo no puedo.
Yo no puedo ser tan inmoral de embanderarme en las libertades y en los derechos humanos y, por otro lado, dar mi consentimiento a quienes persiguen, coaccionan y extorsionan a los que no consienten sus intereses.
Yo no puedo.
Por último, yo tampoco puedo ser tan caradura de hablar de honestidad y transparencia y, por otro lado, avalar a quienes se abusan en el manejo de las arcas públicas, al punto de estar reiteradamente procesados, con pruebas suficientes, por quedarse con el dinero de todos.
Yo no puedo.
Yo no puedo ser tan insolente de decir a los cuatro vientos que defiendo la ley y, por el otro lado, apoyar a aquellos que la violan inescrupulosamente, indiferentes a los reclamos de la sociedad.
Yo no puedo.
Y, más que nada, yo no puedo ser tan estúpido de jactarme de democrático, de peronista, de justicialista, de progresista o de republicano y, por otro lado, votar a quienes, a lo largo de los años, han demostrado su profundo desprecio por todos estos valores atropellando intereses comunes y vulnerando cuanto derecho se interpusiera en su camino.
Yo no puedo.
Y me siento en extremo satisfecho y orgulloso de no poder, ya que de poder ser así, estaría defraudando todo aquello que me enseñaron mis padres y todo aquello que le enseño a mis hijos.
Por todo esto, votaré con coherencia y respeto a la realidad que vivo día a día en mi ciudad y la cual no puedo ser tan necio de negar.
Norman Robson

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