El que anda en moto y sin casco es un sujeto que prioriza su imagen a su supervivencia, o sea, que su autoestima es lo suficientemente baja como para no respetar su propia vida, lo que lo convierte en un suicida que, por su propio desprecio hacia la vida, también puede llevarse a la muerte a quienes lo acompañen, convirtiéndose así, también, en un asesino en potencia.
En definitiva, el que anda en moto y sin casco es un sujeto que se caracteriza por su falta de respeto a las leyes, a su vida y a la vida de sus prójimos.
Es un sujeto que carece de consideraciones si de poner en vilo a sus vínculos más cercanos.
Es un sujeto que no le importa el temor de sus padres, hermanos o parejas ante su negligencia.
Es un sujeto que no le importa nada salvo ostentar su falsa soberbia asumiendo un riesgo idiota.
Cuando estos sujetos, porfiados en su capricho, terminan víctimas de su idiotez, las consecuencias son como una onda expansiva que impacta destructivamente en todo su entorno, y no hay ninguna razón por la cual la sociedad deba absorber este impacto económico, social y cultural sin reaccionar en consecuencia.
Por eso, un sujeto así no lo quiero cerca de mí.
Actualmente se está imponiendo el respeto vial pero no se está imponiendo la consciencia vial, lo que, en definitiva, no redunda en resultados sustentables.
El respeto adquirido sin consciencia es volátil y a la primera libertad desaparece.
A la vista están las transgresiones, y las víctimas, donde y cuando no hay operativos.
Por esto y por todo lo otro, resuelvo que debo tomar cartas en el asunto. haciendo lo que sea que esté a mi alcance.
Por esto y por todo lo otro resuelvo que no quiero cerca de mí a nadie que no use casco.
No solo por su nefasta actitud autodestructiva y conducta irrespetuosa hacia los demás, sino porque atenta contra la calidad de vida de mi familia. Porque atenta contra la paz pública. Porque atenta contra la convivencia. Porque atenta contra todo lo correctamente establecido y que yo respeto.
Por eso, no los quiero ni en mi calle, ni en mi vereda, ni en mi casa, ni en mi mesa, ni, mucho menos, cerca de uno de mis hijos.
Yo los quiero lejos mío e invito a los demás a hacer lo mismo.
Norman Robson para Gualeguay21

















