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La burocracia deja sin clases de danza folklórica a Gualeguay

Días pasados se supo que el Prof. Ángel Cichero, reconocido director del prestigioso ballet local Amanecer Gualeyo, después de casi tres décadas de enseñanza de danzas folklóricas argentinas, no continuaría con esa oferta educativa. La decisión obedece a irregularidades cometidas en el pasado en cuanto a su contratación que impedirían a la gestión actual renovar su prestación. De ese modo, por cuestiones burocráticas, Gualeguay pierde una valiosa oferta educativa.

Ángel Oscar Cichero es un gualeyo que ha dedicado su vida a la danza folclórica, tanto a su ejecución como a su enseñanza y difusión. Prueba de ello son el prestigio nacional obtenido por su ballet Amanecer Gualeyo, fundado en 1997, y su aporte desde entonces formando bailarines y bailarinas y difundiendo nuestra identidad cultural. Tal es así que todo eso lo llevó al escenario mayor de Cosquin en los años 2011 y 2012.

A lo largo de todo este tiempo, el Prof. Cichero ha demostrado un profundo compromiso con ese arte, lo que le ha valido el reconocimiento de toda la comunidad, la cual da fe de su apasionada dedicación.

Ahora bien, para poder volcar su indiscutible vocación en la enseñanza de danzas folklóricas a la comunidad de Gualeguay, a partir de una normativa de 2014, surgió un problema: No había un renglón en algún nomenclador burocrático del Consejo General de Educación entrerriano que contemplara la enseñanza de danzas folklóricas.

Fue entonces que la Dirección Departamental de Escuelas local “inventó” una forma para que Cichero pudiera continuar enseñando danza folklórica y cobrar por ello. Lo contrató recurriendo a múltiples y creativas irregularidades, siempre con la promesa de “arreglar” eso. Pero pasó el tiempo y, en lugar de corregir y adecuar la normativa, se prefirió aquello de “para qué acomodar algo si lo podemos corromper”. Así fue que siempre se encontró una forma irregular de que la comunidad gualeya pudiera recibir esa oferta.

Así pasaron los años, hasta que este año, la nueva gestión, descubrió el pecado y, en lugar de buscar alguna forma de corregirlo, decidió no renovar su contrato. A la hora de decidir ésto, no valieron ni su reconocida trayectoria, ni su indiscutible prestigio, ni su valioso aporte a la identidad cultural, ni siquiera los muchos alumnos que pasaron por sus clases. Solo primó la necesidad de ser estrictos en los procesos administrativos.

Vale reconocer que, junto a la legítima oferta de enseñanza de Cichero, también habría otras no tan legítimas, ni tan necesarias, sino que algunas responderían a vínculos políticos.

Al conocerse la noticia, la reacción social no tardó, y, primero en las redes sociales, y luego con una nota formal a la Departamental, firmada por referentes y vecinos, la comunidad hizo saber su indignación y profundo descontento. En la misiva, la comunidad dejó en claro el enorme valor del aporte de Cichero a la educación de Gualeguay.

Frente a esta respuesta social, la Departamental local remitió el problema al Concejo General de Educación, para que éste resuelva qué se puede hacer para que la comunidad local recupere tamaño servicio formativo. Pero, si bien los trámites se iniciaron y el descontento social es tangible, no se observan grandes preocupaciones u ocupaciones de la política para que ésto se resuelva en tiempo y forma.

Por el contrario, el poco interés por lo cultural insinuado por la nueva gestión de la cartera educativa provincial, y la desesperada necesidad del gobierno provincial de recortar gastos, aunque sea en educación, no alientan la esperanza de que Gualeguay recupere algo tan valioso, por lo menos este año.

Norman Robson para Gualeguay21

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