Por más desagradable que sea esta definición, la sociedad moderna en general, y nuestra comunidad en particular, lamentablemente, no están libres de este tipo de actividades.
La semana pasada, desde un sector de la oposición se presentó en el Honorable Concejo Deliberante un proyecto de resolución solicitando al Ejecutivo que ponga en práctica estrictamente un ordenamiento del tránsito de acuerdo a las leyes vigentes.
Sin mediar mayores deliberaciones, menos aún el debido respeto que merece el tema, los seis ediles oficialistas, todos elegidos por el pueblo para atender sus intereses, votaron por la negativa.
En masa, La Licenciada Paola Rubattino, el Profesor José Schonfeld, la tradicionalista Marta Fahler, el Doctor Juan Carlos Freyre, la Profesora Silvina Carraud, y el joven militante Federico Gallardo, valiéndose de la mayoría, se opusieron a que se le solicite al Ejecutivo que cumpla con la ley.
O sea, los seis apóstoles erristas, obedeciendo al mando natural, se negaron de plano a que se apliquen las leyes vigentes en un tema que le está costando vidas a la comunidad.
O sea, estos seis representantes del pueblo privilegiaron su pertenencia al poder de turno antes que las urgentes y desesperadas necesidades de quienes los votaron.
En definitiva, la mayoría de quienes tienen la responsabilidad de actuar atendiendo las necesidades de la comunidad optaron por atender sus propias ambiciones o lo que sea que los motive en la obsecuencia.
Hoy por hoy, los tres poderes dan rienda suelta al libertinaje administrativo.
El ejecutivo incumple, el legislativo avala y la justicia… bien, gracias…
Mientras tanto, el tránsito es una anarquía y en cualquier momento lamentaremos nuevas víctimas.
¿A quién le importa?
Como en la Roma antigua y en el Medioevo, la complicidad de los mercenarios legitima la aristocracia del poder en desmedro de los ciudadanos comunes.
Norman Robson para Gualeguay21

















