Así se inscribe en el Génesis: en el principio de los tiempos un mundo fue creado. La base es en término de dos, que viene del Uno que los creó, y al que se retorna luego de lo real en las coordenadas de tiempo y espacio. Cielo-tierra, caos-orden, bien-mal, luz-oscuridad, hombre-mujer, día-noche, son binomios de expresión de una misma unidad, que se complementa y se completa.
La realidad es una totalidad, que se unifica a partir de las partes que hacen la diferencia, y a la que arriban por senderos distintos de un mismo camino. No tiene un sentido dado, y reclama ser construida como acto creativo, en la conciencia de la diferencia.Esta conciencia es trascendente e inmanente a lo real. Es metafísica en sus consecuencias, pero física y concreta en su origen. En ese plano está la raíz de la diferencia, y cual árbol frondoso da frutos de sentido, en los que se alimenta la subjetividad, sin negar la objetividad, y permite que cada rama pertenezca al tronco, no obstante crezca libre en su recorrido. Este origen de la unidad en la diversidad no solo es la estructura en la construcción de sentido, sino aun mucho más potente, es la savia que alimenta al árbol. El todo vive gracias a la diferencia que recorre cada espacio y hace que raíz, tronco, rama, hoja, flor y fruto, sean uno en su singularidad diversa.
Rabino Sergio Bergman

23 junio, 2026 5:49 am/
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