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La cultura no necesita pancartas, se lleva en el alma y se enseña con pasión

Una enorme sorpresa me causó el anuncio del alejamiento del director de la Escuela Municipal de Música, el artista Ricardo “Cary” Pico, por quien siento especial cariño y admiración.

Lo llamé entre decepcionada e incrédula y me corroboró que la noticia le llegó por los medios y rumores, nadie le había comunicado que sería reemplazado. Él nunca expresó su necesidad de alejarse, sí de proponer cambios, sobre todo en lo que hace a lo edilicio. También trascendieron, con más fuerza, algunos ofrecimientos, desde personas cercanas a la Municipalidad, para ocupar este cargo, pero a Cary no se le ha informado formalmente de su despido.

 

 

 

Desde mis comentarios, notas y columnas en este diario he destacado la buena labor cultural que se está llevando a cabo en nuestra ciudad, tanto en el ámbito estatal, como en lo privado y la colaboración mutua que se da y que habla a las claras de una ciudad que ama la cultura, la cultiva, la enaltece y que es una de nuestras principales riquezas.

Entonces caben muchas preguntas y la mayoría me quedan sin respuestas, porque de ser cierto los trascendidos, ¿dónde está el respeto por el otro?; más aún a una persona a quien, sin militancia política, se le encomendó durante la gestión que está finalizando una escuela de música con 15 ó 20 alumnos y que en poco tiempo llega a tener más de 150, con la enseñanza de nuevos y múltiples instrumentos, con la incorporación de niños, adolescentes, adultos que se multiplican en entusiasmo, con  actuaciones en diferentes ámbitos que demuestran el crecimiento y la pasión por la música y hasta hacen de ella un medio de vida. Basta ver y escuchar los recitales en los que participan  gran cantidad de jóvenes formados e incentivados en la EMMIN durante la gestión de Ricardo Pico para tomar real dimensión del trabajo realizado. Sabemos que en cada concierto, en diferentes ámbitos, que ofrecen alumnos y profesores de la EMMIN se abren abanicos de géneros, de instrumentos, de arreglos, de originalidad y ahí está la riqueza que impulsa el director junto al grupo de docentes y que disfrutan los intérpretes, los padres, los amigos que buscan sumarse y todos los que amamos las buenas expresiones artísticas. Como decimos los que acostumbramos a concurrir a buenos espectáculos, son un regalo para el alma.

No logro entender qué impulsa este cambio, (de ser cierto), ya  que considero que Ricardo Pico ha realizado una gestión excelente, reconocida no sólo en Gualeguay, sino en la provincia y en el país como un centro de excelencia en la enseñanza de la música y todo lo que ella implica. Su política, su desafío, es hacer una buena gestión en lo que le han encomendado; le gusta y sabe, por esa razón aceptó ser el director de la EMMIN en un momento difícil. Los resultados, a la vista de todos.

En lo particular, las obras de Cary son interpretadas por los más importantes cultores nacionales e internacionales, sus realizaciones son motivo para estar presentes en el escenario, como lo ha hecho nada menos que Juan Falú, Marcelo Moguilevsky, la chilena Francesca Ancarola, entre otros, artistas que no sólo actúan junto al público, sino también comparten cursos y veladas junto a los alumnos y profesores.

Cary Pico no tiene título docente, pero lo es de alma; para ser docente hay que ser generoso y él lo es, sabe enseñar y sigue de cerca a sus alumnos; es compositor, arreglador, poeta, artista plástico, luthier; su cultura es vastísima en costumbres, tradiciones, anécdotas, música, personajes de diferentes épocas, géneros, estilos, técnicas y en la EMMIN se ha manifestado como excelente gestor de proyectos que han tenido brillantes concreciones.

También puedo decir que Cary, a quien conozco desde su adolescencia en el Encuentro de la Juventud, no fue político, no lo es, ni lo será, menos aún genuflexo. Sí es una persona frontal, sincera, sin dobleces, ni especulaciones, con tanto amor por la música, como por la vida misma, con la sencillez de los grandes que no se ve menguado por tomar una escoba y un plumero para limpiar la escuela cuando la ayuda falta; Cary es la misma persona que desde la mañana temprano toma el estado de los medidores en todo Gualeguay y Galarza y que por la tarde y hasta entrada la noche y muchos fines de semana se entrega a esa Escuela que se la dieron con un puñado de alumnos, profesores e instrumentos y hoy ha crecido más allá de todas las expectativas.

No siento animosidad por quienes pueden llegar al cargo; quizá mantengan el camino iniciado y ya recorrido; sí me hiere la forma en que conoce de su despido y que está muy reñida con el respeto.

Si la política que hoy nos gobierna brega por una educación estatal, por calidad, por igualdad de oportunidades, por atención de la parte oficial, no se entiende la razón de querer finalizar una gestión más que exitosa, y lo que es peor, de la forma en que se hace, con emisarios, sin hablar de frente planteando las verdaderas razones.

¿O es que Gualeguay va a seguir dejando de lado lo bueno que se ha hecho, va a ignorar lo que está bien de la administración previa y a quien fuera nombrado por quienes continúan desde la gestión anterior y ahora  siguen en el poder? ¿Saben?, no concibo el uso de las personas y que son dejadas de lado por no portar pancartas, ni banderas. La bandera de la cultura se lleva en el alma, se enseña con altura, se transmite con pasión, sólo pretendiendo la riqueza cultural del otro, sin distinciones, y esta bandera es más rica porque enaltece el espíritu.

Mi mayor deseo es que los trascendidos, los ofrecimientos entre bambalinas, la falta de respeto por el otro sea mañana sólo una anécdota, un mal sueño.

Graciela Saavedra 06/12/11

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