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La historia de amor que terminó con un inocente preso y niños vulnerados

Se trata de una historia corta, de algo más de 10 años, pero que, por distintas aristas, terminó conmoviendo a la sociedad de Gualeguay. Se trata de una historia que desnudó una Justicia indiferente al bien y el mal, haragana a la hora de tomar decisiones, e impiadosa respecto de los daños que su proceder ocasionó. Se trata de la historia de una mamá, un papá, y tres niños inocentes, y de cómo las miserias y debilidades arruinaron, injustamente, sus vidas. Una cronología de los hechos desnuda la verdad de esta triste historia. 

Allá por 2011, un joven empresario gualeyo conoció a una joven abogada, que luego de recibida se había quedado en Buenos Aires, y comenzaron una intensa relación. Fruto de esa pasión, en 2013, ella quedó embarazada y se vino a vivir con él a Gualeguay, y a trabajar en Tribunales. Al poco tiempo de ser papás, ella volvió a quedar embarazada, esta vez de mellizos, quienes nacieron en 2014. Lamentablemente, en 2015, aunque con los niños muy chicos, se separaron, y, desde entonces, nunca pudieron mantener una relación saludable o, por lo menos, pacífica.

Desde entonces, y hasta que los niños dejaron pañales, caminaron y comieron por si mismos, y durmieron toda la noche, los niños vivieron con el papá de lunes a lunes. Ya más grandes, cuando no demandaron tanta atención, empezaron a convivir con la madre. No se encontraron reclamos a la Justicia por parte de la mamá cuando los niños vivían con el padre.

A partir de entonces, los roces se volvieron constantes, y no tardaron en llegar las quejas a la Justicia local, más precisamente al Juzgado de Familia, en las manos del Juez Pablo Guercovich. Quejas que se hicieron reclamos, reclamos que se hicieron denuncias, y denuncias que se hicieron causas, pero que en ningunas de sus instancias significaron soluciones a la situación.

Cabe ser considerado que este joven empresario fue siempre reacio a denunciar, y las veces que lo hizo fue presionado por su entorno, mientras que ella, abogada empleada en los Tribunales locales, supo, desde un principio, manipular la situación recurriendo constantemente a su ámbito natural: la Justicia.

Todo comienza en mayo de 2017, cuando el joven comerciante se enteró, de boca de sus propios hijos, sobre ciertas prácticas que realizaban con el novio de la mamá. Frente a esto, el papá filmó el testimonio de sus hijos y denunció lo ocurrido en la fiscalía del Dr. Ignacio Telenta, aportando el testimonio grabado. Ese mismo mes, el fiscal abrió la causa contra el entonces novio de la mamá de los chicos, y, al mes siguiente, se instruyó la Cámara Gesell a los mismos, a partir de la cual los profesionales recomendaron para ellos una pericia psiquiátrica. 

Curiosamente, casi de inmediato a comenzada aquella situación, en junio del 2017, la joven abogada y ex pareja realiza una denuncia sobre un hecho ocurrido a principios de año, sin recordar cuando, donde su ex y padre de los chicos había ingresado a su casa rompiendo la puerta de una patada, agarrándola del cuello y azotando su cabeza contra la pared, todo frente a los chicos.

Al mismo tiempo, ese mismo mes, el novio de ella en ese momento, quien había sido denunciado por el papá de los chicos, denuncia a éste por supuestas amenazas en un acto de los niños realizado en el CEF. Del mismo modo, a fin de ese año 2007, en diciembre, esta misma persona vuelve a denunciar al joven comerciante por amenazas, esta vez, supuestamente, en la esquina de su casa.

En el marco de estas acciones realizadas por la mamá de los chicos, gracias al testimonio del papá del joven denunciado, que dijo que a él le había mostrado el video, ese mismo mes de diciembre, la Justicia de Familia le prohibió al papá de los chicos mostrar o comentar videos de sus hijos.

Ante la pasividad del papá, que prefería tolerar las actitudes y acciones de la mamá de sus hijos antes que exponer todo en la Justicia, el año 2018 comenzó con sendas denuncias de la abuela paterna, quien había sido designada para llevar a los chicos de una casa a la otra. El tenor de las denuncias siempre fue por violencia: agresiones, amenazas y destrozos que violaban el acuerdo celebrado en el Juzgado de Familia. Esto obligó al papá a realizar exposiciones en Jefatura sobre que la mamá le impedía ver a los niños.

A pesar de esta situación familiar, y de la causa iniciada en la Fiscalía local, en marzo, la Justicia procesó al papá por romper una restricción de contacto con la mamá en el Jardín de Infantes Upa La Lá, y se la prorrogó por 90 días más. Dos meses después, finalmente, a través de una carta documento, la mamá le informó el nuevo régimen comunicacional establecido.

Cabe ser enfáticamente señalado que a lo largo de todo este proceso, donde los niños fueron rehenes inocentes de una situación violenta, no hubo absolutamente ninguna medida de protección concreta y efectiva por parte de alguna de las justicias. Los niños transitaron esta situación totalmente abandonados a su suerte y a merced de los acontecimientos.

Con todo esto, mientras la mamá protagonizaba escándalos tanto con su ex como con otros, como su propio padre, o el vecino de la casa de su madre, pudo agilizar la causa penal en Fiscalía, donde en noviembre de 2018, el Fiscal Eduardo Santos modificó la causa y la iba dejando lista para elevarla a juicio.

El avance de la causa contra su ex y padre de sus hijos, parece haberle traido paz a la joven profesional, y durante casi todo 2019 no hubo otros escándalos, más que algún que otro conflicto con los chicos de por medio. Pero en noviembre de ese año todo comenzó a complicarse mal para esta joven.

En noviembre de 2019, luego de una persecución callejera a gran velocidad, la Policía local logró detener y aprehender a la mamá y a su nuevo novio. Éste fue trasladado y alojado en Jefatura, mientras que ella quedó detenida con prisión domiciliaria, con custodia policial permanente. Las criaturas vivieron está situación, al grado de que debió intervenir la Defensoría del Menor. 

Al mes siguiente, días antes de fin de año, la mamá sufrió un colapso nervioso y fue internada en Salud Mental del Hospital San Antonio, de donde se terminó escapando. Según los registros del nosocomio, a la guardia ingresó con un sobreconsumo de cocaína y alcohol, y sospecharon de un intento de suicidio. A pesar de la gravedad de su situación, la joven se fugó del Hospital, razón por la cual se le instruyó a la Policía que era necesario buscarla y reingresarla al nosocomio porque era peligrosa para ella y para terceros, a la vez que debía continuar su internación y su desintoxicación.

Una vez recuperada de esta crisis, la joven continuó con sus denuncias legales. Por ejemplo, en junio de 2020 denunció a su ex por llevar los chicos en la caja de la camioneta. Como contraparte, el papá respondió con denuncias sobre el impedimento de tener contacto con los hijos en común.

En este contexto, y totalmente indiferente al mismo, la Justicia celebró el juicio contra el papá y lo condenó a un año y diez meses de prisión efectiva. Lo curioso de esto es que el juez interviniente, Darío Crespo, solo consideró de todo lo ocurrido, y que estaba en conocimiento de la Justicia, lo conveniente a una condena, y nada de los antecedentes del caso. Al Juez no le importaron los antecedentes de los denunciantes, ni los hechos previos a todo los denunciado, solo le interesó aquello que justificaba condenarlo. Pero tampoco le importaron a la defensa, cuya labor no impidió nada de todo lo ocurrido.

Tal es la controversia y contradicción de este proceso, que a pesar de que al hombre se lo acusa, en uno de los hechos, de romper la puerta de la casa de la mujer, de entrar por la fuerza, y de agredir físicamente a su ex delante de los hijos comunes, en ningún momento se lo condenó por violencia de género. Dicho de otra forma, resulta extraño y llamativo que el Juez tomara de ese hecho solo los daños y la violación de domicilio, y no la agresión contra la mujer, algo muy raro en estos tiempos. Cabe remarcar que este detalle observado tampoco interesó a ninguna de las instancias superiores.

La sentencia fue apelada a Casación y todo siguió normalmente para ella y para él, con esporádicas disputas verbales y reiteradas denuncias del papá por los derechos de los niños vulnerados y por impedimento de tener contacto con los chicos. Sin dudas, ella sabía que la Justicia, tarde o temprano, le caería a su ex, y él descansaba en su inocencia y en su confianza en la Justicia. Tal es así que no dudó en casarse y planificar una nueva vida.

Tal cual lo previsto, y sin una defensa que actuara en contrario, las instancias superiores homologaron lo actuado por Crespo y al joven comerciante, y papá de tres criaturas inocentes, y de uno por venir, lo encarcelaron en la Unidad Penal de Gualeguay, ante el escosor de la sociedad local.

Frente a esta situación, y viendo el impacto de todo esto en sus sobrinos, una de las hermanas del comerciante tomó cartas en el asunto y, el mes pasado, denunció ante el Juzgado de Familia la situación que ahora atravesaban los hijos de su hermano. Esa denuncia fue repetida en el Copnaf y en la Fiscalía al fiscal Pablo Benedetti, pero aún no ha habido cambios en la realidad de esas criaturas.

Finalmente, consumada la injusticia y desprotegidos los niños, comenzaron las manifestaciones de la comunidad, primero tibias en las redes sociales, y ahora ya numerosas abrazados frente al Juzgado de Familia.

Ahora bien, al cabo de todo este relato, más allá de los argumentos esgrimidos por la familia del hombre, y más allá de que el bienestar de los gurises a nadie le importa, es inevitable que el lector se pregunte qué pasó con la causa por abuso infantil, qué pasó con aquellas denuncias por violencia contra una persona mayor, qué pasó con aquella persecución policial, y qué pasó con aquella crisis emocional. No pocos deben preguntarse si desaparecieron.

Por último, vale señalar que lo mejor, para no haber tenido que escribir esta triste historia, pues en un deber ponerla en conocimiento de la ciudadanía, hubiera sido que los agentes de Justicia hubieran cumplido con sus deberes de funcionarios protegiendo derechos e impartiendo justicia.

Nota del autor: No se nombran a los protagonistas por respeto y protección de los menores involucrados.

Norman Robson para Gualeguay21

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