Rectángulo Image

Los tiempos de uno no son los tiempos de Dios

El relato de Mario y Graciela —los nombres no son los verdaderos, la historia sí— es tan potente como el amor que trae la vida nueva. Lo escribieron en una carta que ahora compartimos:

“Llevábamos siete años de novios cuando se le diagnosticó a mi entonces novia Graciela una enfermedad llamada endometriosis grado IV. Al momento de casarnos sabíamos que engendrar un hijo era una posibilidad muy remota. Esta enfermedad llevó un tratamiento prolongado y severo: medicamentos, cirugías y, por último, histerectomía total.

 

 

“En el noviazgo conversamos la posibilidad de adoptar, pero nunca imaginamos lo duro que sería concretarlo efectivamente.

“Enfrentar la esterilidad en muy difícil, pero esto se logra con el apoyo de dos pilares fundamentales. En primer lugar pedirle a Dios fortaleza para poder cargar la cruz y en segundo lugar asumirlo como cuestión de los dos. La esterilidad no es de uno solo. Siempre soñamos con hijos en el hogar, esto nos llevó a decidir por la adopción, consultamos un abogado amigo para interiorizarnos los pasos a seguir, nos inscribimos en el juzgado para armar nuestro legajo y reunir todos los requisitos pertinentes.

“Sabíamos que lograr un hijo directamente por medio del juzgado era a muy largo plazo, por lo que comenzamos a visitar diferentes lugares como: casas cuna, familias adoptantes, barrios, hospitales, provincias, pueblos… Dejábamos nuestros datos, teléfonos y de esta manera se nos fueron dando algunas situaciones, lamentablemente ninguna de final feliz. Pasamos por seis casos fallidos en los cuales la mamá biológica se arrepentía. También nos engañaron, nos estafaron… Descubrimos que hay mucho negocio en esto, muchos juegan con el sentimiento y la desesperación del matrimonio que quiere adoptar. Luego de cada uno de estos casos debíamos reponernos, recobrar fuerzas, volver a creer, remarla. Siempre depositamos todo en Dios, hubo muchas noches de oración con lágrimas, dolor en el corazón, pero Dios nos dio siempre la fortaleza para seguir adelante.

“Desde la familia sentimos que nos acompañaron en algunos casos con un profundo silencio,  respetando las decisiones que tomábamos, sufriendo por temor a que nos engañen y con la oración.

“Pasaron los años, los casos y comprendimos que ‘los tiempos de uno, no son los tiempos de Dios’. Llevábamos ya siete años de casados y un día una compañera de trabajo, refiriendo que una mujer estaba cursando el séptimo mes de embarazo y consciente de su situación económica-social y familiar, había tomado la decisión de entregar en adopción a su hijo/a. Fue así que decidimos una vez más emprender una nueva posibilidad. Nos comprometimos a brindarle todo para cubrir las necesidades básicas: alimentos, vestimenta y asistencia médica. La acompañamos hasta el momento del parto, donde nace una hermosa niña que nos fue entregada por medio de la madre biológica, doce horas después de haber nacido. Comenzamos así todos los trámites legales, de los cuales después de dos años estamos llegando a su fin. Los trámites son extensos, los tiempos prolongados, pasar por la guarda, luego la sentencia de guarda definitiva con fines de adopción, posteriormente el inicio del juicio de adopción —para lo cual se cita a todas las partes para firmar— y por último esperar la sentencia del mismo, porque hasta no quedar firme la sentencia del juicio, la mamá biológica tiene posibilidad de reclamar.

“Ante el juzgado y la madre biológica, nos comprometimos legal y moralmente a decirle la verdad de su origen y ya con su corta edad (2 años y 3 meses), asesorados por el psicólogo del juzgado, le dijimos que es nuestra hija de corazón, sin atormentarla, que mamá no la pudo tener en la panza, que lo hizo otra mujer, pero que mamá y papá estarán siempre y que la aman mucho. Es muy emocionante escuchar de ella que nos responde que ‘también nos ama’. Tenemos bien en claro que la verdad nace en el seno de la familia, por lo que debe conocer su origen biológico.

“Nuestra hija nos ha cambiado la vida, nos ha hecho olvidar todo el dolor vivido, desde la enfermedad como las situaciones antes explicadas. Nuestra casa ha cambiado, nuestros tiempos, las navidades, los festejos por el día del Padre, de la Madre y hasta los diferentes momentos difíciles que nos toca vivir se hacen más tenues. Tener un hijo te da impulsos para enfrentar todo en la vida. Experimentamos día a día lo hermoso que es ser ‘padres’. Contemplar la vida, sentir el amor en plenitud en detalles como un abrazo, un beso, la primera vez que dijo ‘papá’, ‘mamá’, es algo muy difícil explicar con palabras…, es tanto que compartir estos renglones nos llena de emoción.

“Cuando se habla de adopción se debe hablar de tres protagonistas: los padres adoptantes, el hijo/a y por supuesto la “madre biológica” quien en la sociedad es generalmente juzgada con dureza por el acto de donación. Pero quienes somos padres de corazón, gracias a esas mujeres que le han dicho no al aborto y sí a la vida, vemos con otra visión esa gran actitud ante la cual estaremos eternamente agradecidos.

“Para concluir queremos compartir el mensaje de la Beata Madre Teresa de Calcuta: ‘Una criatura es un regalo de Dios, si no quieren a los niños, dénmelos a mí’.

“Dios nos ha regalado una estrellita que es la luz que ilumina nuestras vidas”.

En mis años de sacerdote, varias veces he conversado con parejas que quieren adoptar un niño. Es tremenda la cantidad de trabas y dificultades burocráticas a las que se ven expuestas durante los años de trámites, de oficina en oficina. Recemos por ellos y pensemos si no deberíamos tener una legislación más adecuada a los tiempos del amor que es tan urgente.

En este día, en que miles de peregrinos acuden al santuario de la Virgen de San Nicolás, le pedimos a nuestra Madre del Cielo por tantas familias que buscan adoptar, también por tantos niños y niñas, algunos de los cuales ya adolescentes,  que están esperando por una familia que los reciba con cariño.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

× HOLA!