Mala leche

Nadie duda que nuestra ciudad es rica en múltiples cuestiones naturales, culturales y hasta económicas, pero nadie duda, tampoco, que, a la hora del chisme, no hay piedad, ni miramientos, ni escrúpulos, solo abunda la mala leche.
A la hora del chisme solo importan la fantasía y el daño, ni siquiera la credibilidad es necesaria, ya que abundan rapaces ávidos de difundir y potenciar la dañina fábula.
Para nada importa quién o quiénes son los damnificados, ni siquiera si hay una inocente menor que nada tiene que ver con la fantástica historia, para nada importa la justicia, menos importa si se destruye el pudor, el honor o el amor…
“… me lo dijo menganita que se lo dijo sultanito…”
“… aparte se sabe…”
“… acá nos conocemos todos…”
“… posta…”
Son siempre los argumentos probatorios suficientes que habilitan a cualquiera a hablar de cualquiera, a lastimar a cualquiera, a vejar la intima inocencia de cualquiera, ya que ni siquiera importa si es conocido o no.
Es triste, es lamentable.
La sola existencia de gente creando y difundiendo fantasías novelescas sin ningún soporte de veracidad, solo por diversión o por hacer daño desnuda nuestra pobreza de espíritu y nuestra poca consciencia y respeto social.
Si bien creo que pedirle que dejen de hacer esto a quienes producen y difunden este tipo de chusmeríos es casi inútil, si siento que debo pedirle a quienes esgrimen madurez y responsabilidad que toda información de esta calaña que reciban, antes de reproducirla o comentarla, se tomen la molestia de verificarla.
Es muy cierto que acá nos conocemos todos, y todos conocemos a alguien que nos puede dar información responsable, alguien que de verdad nos de la posta y evite que hablemos de más y lastimemos gratuitamente.
Y si no sabemos, llamémonos a silencio. Es más sano.
Vecinos, vecinas, es tiempo de abandonar esta práctica nefasta y de repudiar a quienes sigan practicándola.
Norman Robson para Gualeguay21
