Esta semana, en Los Ángeles, un jurado decidió que Meta y Google eran responsables de la adicción a las redes sufrida por Kaley, una joven de 20 años, que había comenzado a usar YouTube a los 6 años e Instagram a los 9, sin que nunca nadie o nada lo impidiera. Se trata de un fallo sin precedentes que entendió que esas empresas construyeron, con malicia plataformas de redes sociales adictivas que sabían que perjudicaban la salud mental, y ordenó una reparación de 6 millones de dólares a la victima.
Esta reparación deberá ser afrontada en un 70 por ciento por Meta y un 30 por Google, aunque otro tipo de daños aún están pendientes de ser determinados por el tribunal, y la condena podría alcanzar los 30 millones de dólares. Ahora bien, un día antes, un jurado en Nuevo México encontró a Meta responsable por la forma en que sus productos ponían en peligro a los niños y los exponían a material sexualmente explícito y al contacto con depredadores sexuales, a la vez que otro caso está listo para comenzar en junio en California.
Desde Forrester Research, la consultora más influyente del mundo, sobre el impacto de la tecnología, entendieron que durante años se ha ido acumulando un sentir negativo hacia las redes sociales, y ahora finalmente ha estallado.
La acusación se funda en que esas plataformas funcionan como máquinas de adicción, diseñadas para atraer usuarios desde temprana edad para que permanecerán por más tiempo, sin nunca impedir que los niños accedan. Tal es así que en el caso de Kaley, ella tenía 10 años cuando empezó a manifestar síntomas de ansiedad y depresión.
En su defensa, Meta y Google rechazaron el veredicto y adelantaron que apelarían. En el caso de la primera, esta argumentó que lo sufrido por Kaley no lo causó ni contribuyeron de manera significativa sus productos, ya que la salud mental de los adolescentes no puede vincularse a una sola aplicación. Por su parte, Google dijo que YouTube es una plataforma de streaming construida de manera responsable, y no una red social.
Por último, vale destacar que éste es un precedente para cientos de casos similares que actualmente están siguiendo su curso en Estados Unidos, a la vez que envía un mensaje claro de que ninguna empresa está por encima de la responsabilidad cuando se trata de niños.
Gualeguay21


















