Créase o no, esto ocurrió así este último martes en la antesala del recinto del Honorable Concejo Deliberante de nuestra ciudad.
La historia comenzó cuando un grupo de radio aficionados locales se acercaron al Concejo para transmitirles a los ediles su preocupación por el desalojo de su entidad, el Radioclub Gualeguay, decretado por el Intendente.
Haciendo honor a sus responsabilidades democráticas, la Presidenta del Concejo, junto a los ediles Petroff, Reynoso, Constantini y Jaime, se prestaron al dialogo informal mientras esperaban la llegada del bloque oficialista para escucharlos formalmente como cuerpo legislativo.
Pero los seis integrantes del errismo, en un principio, ni siquiera querían subir las escaleras hasta tanto esos vecinos se retiraran y pidieran audiencia formalmente.
Antes las suplicas de las concejales Petroff y Reynoso, quienes pretendían las presencias en el recinto solo para escuchar a los ciudadanos, los ediles Gallardo, Schonfeld, Sciutto, Fahler y Carraud persistían irritados encaprichados en no dar quórum si los vecinos no desalojaban la sala de sesiones.
Tal insistentes eran los ruegos que un nervioso Schonfeld, tal vez atrapado en lo inexcusable, reaccionó casi gritando “porque yo no quiero”, cual típico capricho infantil, y corrieron a encerrarse en la Secretaría del cuerpo hasta que se fueran los intrusos.
Intrusos que solo eran sus representados.
Dicen que el fraude, el desengaño y la injusticia no tienen cara, pero si la tuvieran serían los rostros de esos veteranos radioaficionados avasallados por la ambición desmedida de una gestión.
Porque yo no quiero. Porque yo no quiero.
Todavía debe retumbar en las paredes del palacio municipal la ridícula contestación del irascible concejal.
Parece mentira que no tengan vergüenza de cobrar tan ostentoso sueldo.
Vale remarcar que la semana anterior, en idénticas circunstancias, sí pudieron escuchar al gerente del Banco Nación.
Uno nunca sabe…
Norman Robson para Gualeguay21

















