Presos, suicidios y el debate equivocado

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La semana pasada se conoció la preocupación de algunos sectores de la sociedad sobre las condiciones de detención en las dependencias policiales de Entre Ríos, vinculando eso con una falta de atención a la salud mental y adicciones de los allí alojados, y concluyendo rápidamente que las fuerzas deberían contar con herramientas para manejar estas situaciones. Ahora bien, lo que olvidaron es que las jefaturas y comisarías no son cárceles ni deben usarse como tales. El problema es otro.

Las reparticiones policiales, sean comisarías o jefaturas, solo tienen celdas donde alojar momentáneamente a sospechosos, por un máximo de dos días, y luego derivarlos a un Penal. Estos espacion no tienen, ni deben tener, las condiciones necesarias, tanto de contención como de seguridad, ni el personal entrenado, que tiene un penal. Por lo tanto, no es apropiado, ni conveniente, hacer lo que se está haciendo, nuestro bien tomar medidas para que lo sean, pues nunca llegarán a serlo.

El verdadero problema es que, por un lado, la Justicia es irresponsablemente lenta, y, por el otro, que los penales están desbordados. De este modo, entre funcionarios que no resuelven y cárceles que no reciben, los calabozos temporales se saturan y pasan las cosas que pasan.

La solución, entonces, pasa por obligar a la Justicia a trabajar y ampliar las cárceles, y no por crear cargos para psicólogos y psiquiatras.

Norman Robson para Gualeguay21

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