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Queremos Paz

Uno de los frutos de la Navidad es la Paz. En la Nochebuena leímos el Evangelio (o Buena Noticia) en el que la multitud de ángeles alababa a Dios diciendo ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!” (Lc. 2,14).

Cada 1 de enero está instituido en la Iglesia como Jornada Mundial de oración por la Paz. Este año el lema es una frase evangélica: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5,9).

 

 

 

Deseamos vivir en paz. Por un lado, cada uno consigo mismo. Cuando vivimos tensionados o angustiados, o tironeados por algo que nos atormenta, no somos felices. La paz interior se fortalece en la oración, creciendo en la confianza en el amor de Dios, que es cobijo, protección, consuelo.

Otro paso necesario es lograr la paz en las familias. La semana pasada conversaba con un amigo que me contaba cómo cuesta dialogar en casa, llevarse bien, ser tolerantes y comprensivos. Hoy en la Iglesia estamos celebrando el día de la Sagrada Familia. María, José y el niño Jesús vivieron unidos en el amor. Oración, trabajo, servicialidad, cordialidad con los vecinos… En el hogar de Nazareth reinaba la Paz.

También debemos construir la Paz en todas las comunidades: escuelas, clubes, parroquias, sindicatos, asociaciones empresarias….

Y en la sociedad en su conjunto. Debemos todos contribuir a la amistad social. Ella se fortalece cuando crece la justicia social y se generan espacios de diálogo aun con quienes piensan de manera diferente.

La Paz en el mundo se pone en riesgo cuando no hay equidad. Nos dice el Papa Benedicto XVI en su mensaje para el próximo 1 de enero: “Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el dominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado”.

Pero es importante considerar que “para salir de la actual crisis financiera y económica  —que tiene como efecto un aumento de las desigualdades— se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas solo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad”. Con estos criterios se desgasta la solidaridad y nos miramos solamente desde una óptica utilitaria. La fe cristiana nos impulsa al amor mutuo, a la fraternidad. No amo a mi hermano porque “me sirve” para algo. Lo amo justa y simplemente porque es mi hermano.

Estas injusticias y desigualdades suelen afianzarse por la fuerza de las armas implantando la ley del más fuerte, provocando la guerra.

Otro peligro serio para la Paz son las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional. Así, las fronteras de cierran y crece la desconfianza y la marginación por razones étnicas o religiosas. Nuestros hermanos migrantes transitan con su vida estas injusticias.

Nos dice el Santo Padre con toda razón “la paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible”.

Para instaurar la Paz debemos mirar la humanidad como una sola familia y el Planeta, como la casa de todos.

Tenemos arraigado en el corazón de cada ser humano el deseo ferviente de paz. Por eso nos alienta el Santo Padre: “Las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda”.

Mirémonos como hermanos, hijos de un mismo Padre que nos ama de verdad. Un año está terminando. A las puertas del 2013 renovemos el compromiso de trabajar por la Paz en todo lugar donde podamos.

Este domingo 30 se cumple un nuevo aniversario del incendio del boliche Cromañón, en el cual murieron 194 personas, la mayoría jóvenes. Se celebrará la misa por ellos, sus familiares y amigos, a las 18 hs. en la Catedral de Buenos Aires. Nos unimos en la oración ante tanto dolor.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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