Rectángulo Image

Se llamaba Francisco Gualberto Magnano Aizpurú, pero su pueblo lo llamó Padre Pancho

La escasa información fría nos dice que Francisco Gualberto Magnano Aizpurú nació el 9 de agosto de 1929, en la vieja Federación, a orillas del río Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, que se ordenó sacerdote en 1954, y que llegó a la Parroquia San José de Gualeguay en 1971, hace más de medio siglo. Una iniciativa del Senado provincial de 2008 reconoce su figura y lo homenajea como uno de los Mayores Entrerrianos destacados por el ejercicio de los valores humanos. Pero no hay información que permita magnificar, en toda su dimensión, lo que significó su obra pastoral, la cual trascendió los límites de su parroquia. Por eso lo llamaron, cariñosamente, Padre Pancho.

“Nació a orillas de un cielo azul que viaja un 9 de Agosto. Seguramente su casa de ayer, es refugio de peces en el lecho de ese cielo; porque fue su cuna la vieja y sumergida Federación”, dijo el Senado de Entre Ríos en su Homenaje Legislativo de 2008 a los Mayores Entrerrianos, y recordó que Magnano se ordenó sacerdote en 1954, y que, desde 1971, ejercía “su apostolado en la Parroquia San José de Gualeguay”.

Respecto de su obra, esa Cámara Legislativa reconoció entonces que el Padre Pancho había impulsado “la creación de diferentes centros en barrios y zonas rurales, llevando a cabo además de la obra pastoral, talleres que permiten adquirir herramientas para solucionar problemas económicos y mejorar la calidad de vida”, y citó los centros de San Cayetano, La Milagrosa, Luján, San Francisco, Sagrada Familia, Jesús Misericordioso, Santa Rafaela y en las zonas rurales San Pantaleón, Capilla del Pilar, Sagrado Corazón y Stella Maris. 

Del mismo modo, el Senado reconoció también su tarea de pastor recorriendo la zona rural, pernoctando en humildes hogares, donde supo transmitir la palabra de Dios y llevar consuelo ante las dificultades que enfrentaran. Recordó también que fue promotor, junto a Sengo Kablan, del Grupo Amistad, ese que aún llega con ayuda a cientos de personas sin recursos.

Pero esto apenas alcanza para dimensionar algo del inmenso rol social del Padre Pancho. Más de media ciudad de Gualeguay fue alcanzada por su bendición en algún momento de sus 51 años de servicio social y espiritual. Sus visitas a algún hogar para despedir a alguien que partía para siempre, o para llevar consuelo y aliento, sus recorridas por los cuarteles, los barrios, las chacras y el campo en busca de necesidades, espirituales y de las otras, sus palabras en un acto público, y las masivas comuniones y confirmaciones, son las distintas formas en que él acompañó de forma presente y activa la historia de la ciudad y el departamento.

¿Quién no recuerda su tierna sonrisa al cabo de un bautismo…?

¿Quién no pensó en él cuando su tocayo, el Papa Francisco, le pidió a los sacerdotes que tengan olor a oveja y sonrisa de padres…?

El Padre Pancho ya se fue con Dios, sin lugar a dudas, y se fue conforme, satisfecho, pues dejó atrás una tarea ejemplar, de huellas profundas, y una vara muy alta para quienes lo sigan.

Norman Robson para Gualeguay21

× HOLA!