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Se me puso la piel de gallina


Para Jorge Fernández Díaz la Argentina es una novela negra y me asusta. Me asusta porque sospecho que no le erra. Me asusta porque al leerlo se me representa nuestra realidad diaria.

Algunos dirán que es otro sicario periodístico al servicio de la oligarquía mediática, pero su descripción cosmopolita de los punteros modernos me describe realidades que indefectiblemente veo traspoladas a mi modesto y humilde ámbito pueblerino.
Quiera o no, veo federalizada en el interior la preocupante postal central.
En un artículo de La Nación, Fernández Díaz explica como la profunda metamorfosis que experimentó la red de punteros políticos durante la década ganada, plena en narcos, barras bravas y militantes armados, muestra un inframundo oscuro y cruel, financiado en partes iguales por el erario y el delito.
Punteros financiados en partes iguales por el erario y el delito.
Fernández Díaz dice que el apogeo de los punteros políticos tiene una dinámica que no obedece a la lógica de los dirigentes institucionales ni de la opinión pública, ya que estos se salen del concepto porque no pueden ser menos y deben revalidar su liderazgo conduciendo y exaltando a su gente, sumando masa crítica para presionar por las buenas y por las malas a municipios y empresas en busca de su posicionamiento.
Punteros que presionan por las buenas y por las malas a municipios y empresas en busca de su posicionamiento.
En este sentido, Fernández Díaz agrega que antes los punteros eran meros facilitadores comiciales que cobraban importancia vital cada dos años y funcionaban como polea de transmisión del asistencialismo, mientras que en esta década se consolidó un clientelismo feroz bajo la praxis de la billetera y el látigo, comprar y apretar, los verbos del momento.
Punteros dedicados exclusivamente a comprar y apretar.
Para Fernández Díaz, hoy, los punteros son quienes garantizan un electorado cautivo en asentamientos carenciados y zonas marginales, sin los cuales el poder no podría controlar su territorio, pero no conformes con esto, ahora ofrecen servicios como cortar rutas, tomar edificios, solucionar problemas, siempre en la tercerización de la represión.
Punteros que son la tercerización de la represión.
Respecto de los intendentes, Fernández Díaz asegura que antes éstos podían ser sus patrones, pero hoy son el socio a quien arrancarle recursos variados e inmunidad para que la cana no moleste en el barrio.
Punteros asociados al poder.
Del mismo modo, Fernández Díaz expone que los invisibilizados del sistema, los abandonados a la miseria, aquellos que nunca fueron reincorporados para mantenerlos hundidos aunque auxiliados por planes, son los que realmente sostienen este sistema.
Punteros que explotan la marginalidad.
En cuanto a la economía de los punteros, Fernández Díaz explica que éstos reciben plata desde distintos orígenes, de la administración pública en forma de subsidios, planes o empleos marginales, del delito común que dirigen, y de aquella que embolsan en los días previos a las urnas, destacando que cuando hay varios candidatos en pugna, el puntero sube el precio, puesto que la traición está a flor de piel y siempre hay tiempo para cambiar de bando si aparece un mejor postor.
Punteros con economías pujantes.
Cerrando la idea, Fernández Díaz  dice que la faena de los punteros se reduce a una economía mixta de prebendas estatales y dinero sucio.
Finalmente, Fernández Díaz destaca que no todos los intendentes ni todos los punteros son mafiosos, algunos trabajan legal y mancomunadamente para combatir las desigualdades, pero remata afirmando que lo cierto es que este flamante duque de la marginalidad, el puntero, ha crecido de manera exponencial y es ya un poder detrás del poder.
En lo personal, me eriza la piel poder ejemplificar con casos locales cada una de estos párrafos, me aterroriza pensar que esta realidad ya está asomando en nuestra ciudad de la mano del gobierno actual.
Norman Robson para Gualeguay21

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