Ser libre

Solo un niño puede suponer que cuando no le premien hacer cualquier cosa, lo están privando de su libertad. Ahora bien, que esa confusión la tenga un adolescente es entendible, ya que se trata de un ser en plena formación de sus valores. Pero cuando ese error de juicio, sin embargo, lo cometen los adultos (algo que sucede más a menudo de lo que creemos), entonces estamos frente a un verdadero problema. Suponer que cuando no podemos hacer todo lo que queremos es porque una mano opresora cercena nuestra libertad, o que las leyes nos coartan, son ideas que atentan abiertamente contra la coexistencia armónica.

¿Se pueden modificar las convenciones que nos regulan? Desde ya: son construcciones sociales y tienen esa flexibilidad. Si los límites están mal puestos o si han quedado obsoletos, y hay un consenso en este sentido, trabajemos para enmendarlos, ya que redundará en un beneficio común. Pero no ignoremos esas reglas de juego, porque las leyes y las normas son de una relevancia trascendente. Solo bajo el marco ordenador que aporta la ley seremos capaces de desplegar nuestra humanidad en civilización y no en barbarie. El orden –palabra con muy mala prensa en la opinión pública de los últimos tiempos– no reprime en absoluto nuestras potencialidades. El caos y el desorden, en  cambio, nos confunden. La libertad solo prospera plenamente en el orden.

En este sentido, y para retomar un segmento anterior, no hay creatividad sin libertad. Ambos conceptos se retroalimentan: no hay acto más libre que el de crear, y para crear debemos ser libres. El que no es libre no crea. Y, al mismo tiempo, la creación en el sentido más cabal del término surge por un acto de libertad.

¿Cómo hacemos, entonces, para armar y hacer… Por un lado, conociéndonos a nosotros mismos, escuchando la voz de la conciencia, que siempre enuncia grandes verdades (aunque a veces no le prestamos atención o preferimos ignorarla). En este caso, se trata de inspeccionar en nuestro interior para quedar aprisionados en los mandatos de otros, y para poder encarar un sendero individual y personal.

Una vez atrapada esta esencia, caminaremos, sí, dentro del marco de ley, de los valores y de las instituciones, ya que es regulación no solo no restringe, sino que libera.

Rabino Sergio Bergman

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