Por eso debemos mirar al otro a los ojos. Ni desde arriba ni desde abajo, sino como a un verdadero hermano. El otro es prójimo porque respondemos por él… No nos preguntamos si somos su guardián… Damos por sentado que sí lo somos, y obramos como tales. Porque sabemos que él hará lo mismo por nosotros, llegado el momento. Y esto, mal que les pese a muchos, no es proteccionismo, es parte de nuestra esencia humana.
¿Cómo colocamos al otro en el lugar del prójimo? Primero, y ante todo, reconociendo la simetría que nos liga y la asociación fraternal que nos invita a trabajar juntos. Seamos socios de nuestros prójimos. Intentemos, siempre, aplicar la máxima bíblica de amarlos como a nosotros mismos. Asociémonos con ellos en el amor, en la ley, en la justicia y en todos esos valores universales que compartimos y que queremos desplegar. Démosle al prójimo entidad de existencia, y reconozcamos que vamos juntos, codo a codo, hacia un lugar común. Coexistamos en el mismo plano.
Rabino Sergio Bergman

16 septiembre, 2026 12:09 pm/
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