Ser y hacer

proyecto de su ser existencial.

Hay mucha más potencia en lo que uno puede hacer por uno de lo que aparentemente quiere reconocer, y es cierto que uno está condicionado por las circunstancias, pero no tan limitado como para paralizarse.

Abandonemos la actitud de espera y retomemos un camino de esperanza, comprendido en la idea de “el mañana puede ser mejor si yo me pongo en acción aquí y ahora” […].

Desde esa perspectiva, estamos convocando al lector a que cambie la posición relativa desde la que observa la realidad. Lo remitimos a revisar la realidad desde adentro, bajo el principio de que nada puede suceder afuera si no pasa primero adentro.

Sin omnipotencia, desde la potencia del cambio interior, aquello que no puedo modificar afuera, mejora en la jurisdicción de lo que soy y de mi entorno. Puedo reclamarle al otro que lo haga, pero debo hacerlo cuando yo ya lo hice. En ese orden. Sumados los cambios exponencialmente, harán al mundo mejor.

Cuando nosotros leemos la realidad, denunciamos una situación, marcamos la diferencia, estamos proponiendo que reprocesemos el interior con las señales del exterior. Entonces la riqueza espiritual de aquello que puedo cultivar en mi mismo, modifica tanto la calidad como el sentido de mi vida. Es una especie de llamado a que vayamos a ese terreno, no habitualmente explorado.

El siguiente paso, una vez que hay conciencia de lo espiritual, es no tercerizar ni entregar la acción. Podemos ayudarnos con los referentes sociales, consultar con los pares, intercambiar con otros proyectos e ideas, probar, conocer y recorrer opciones, navegar la mar de la realidad. Pero siempre volver a casa, que es la conciencia del ser, y de ahí es donde procesaremos este desafío de la expansión de la conciencia y el desarrollo espiritual […].

El paso número tres es asumir la responsabilidad. Si hay conciencia y autonomía responsable y soberana de mi ser, debo ser responsable de mis decisiones. Entonces, respondo por mí, no le endoso la función a otro. Si respondo, es porque me abro a la pregunta, me siento interrogado, reconozco un origen donde emerge, y me propongo frente a ella como respuesta. Contesto con lo que soy y con lo que hago. La respuesta es existencial. Ser y hacer

Rabino Sergio Bergman

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