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Sillas vacías

Entre las tantas cosas que circularon por internet estos días respecto al espíritu de estas fiestas, rescatamos y adaptamos un texto anónimo que se destaca por tener un ángulo diferente, un texto que presenta una realidad que toca de cerca a muchas de las familias que se reunieron la última Noche Buena.

El texto en cuestión, Sillas Vacías, trata sobre esas ausencias, tan tristes como inevitables, que se sienten por estos días, sea en Navidad o en las despedidas del año.

 

 

 

Se acercan las Fiestas y empiezan los preparativos: los regalos, la decoración, el menú de la cena, el lugar donde reunirse…

Y aparece la pregunta inevitable: ¿Cuántos somos el 24?

Y en la respuesta, aparecen, implícitamente, las sillas vacías, las personas que no están, la persona que está lejos, la que la vida llevó por otro camino, la que eligió no estar, la que se enemistó, la que se llevó la muerte…

Y aparece la tristeza, ya que las sillas vacías duelen, hacen que necesitemos ese abrazo contenedor y prolongado que no va a llegar…

Hacen que extrañemos aquella sonrisa…

Hacen que nuestros ojos se llenen de lágrimas…

Y duele…

Pero es la realidad, y a la realidad hay que aceptarla…

Entonces suspiramos profundo, giramos la cabeza y vemos las sillas ocupadas, donde están las personas que nos aman…

Y sonreímos.

Así es la vida: pérdidas y ganancias…

Así fue que muchos brindaron el pasado 24, con lágrimas contenidas por las sillas vacías, y sonriendo desde el alma por las sillas ocupadas, en definitiva, felices.

Si, felices, a pesar de la tristeza, porque ser feliz no es necesariamente estar alegre, ya que la alegría es una emoción pasajera que termina cuando el buen momento finaliza.

La felicidad es otra cosa, es un estado del alma, es estar en paz sabiendo que se está recorriendo el camino correcto, el que coincide con el sentido que tiene la vida, con errores y triunfos, con miedos y corajes, el camino elegido…

Gualeguay21

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