Sin ideales no hay horizonte

Y a pesar de todo, la vida en su constante e indetenible paso, nos hace superar lo que parece insuperable. A veces las distintas situaciones nos parecen imposibles de resolver, hasta la solución se concreta y uno debe enfrentarlo, en ocasiones con mayor o menor éxito.

 

 

¿De dónde surge la fuerza que muchas veces nos permita encarar los problemas? No se sabe, ya que en varias ocasiones se puede observar que “gente fuerte y dura” se derrumba ante personas aparentemente débiles y que los enfrentan con una entereza inaudita.

Los seres humanos somos una caja de sorpresas: gracias a nuestro instinto de supervivencia, sacamos fuerza de nuestra debilidad y nos sobreponemos a los golpes “de la vida”. Pero también somos “animales de costumbres” y muchas veces nos adaptamos a lo aparentemente inadaptable. Por supuesto, todo tiene un límite.

Este prólogo hace básicamente referencia a la situación por la cual, nuestra profesión, padece en la provincia con respecto al libre ejercicio profesional en las campañas sanitarias oficiales, cuyos destinos se “discuten y diseñan” en la COPROSA (Comisión Provincial de Sanidad Animal)

Independientemente de la legítima defensa que hace nuestro Colegio de Médicos Veterinarios de Entre Ríos de las incumbencias profesionales que permitan la lógica inserción y participación de los médicos veterinarios en la prevención y control de la Fiebre Aftosa, Brucelosis y Garrapatas, en el seno de esta Comisión somos objeto no sólo del maltrato, o aún peor, del destrato por parte de los “dirigentes” representantes de las entidades ruralistas que conforman la “Fundación”, destrato que lamentablemente padecen también los representantes de las entidades oficiales provinciales y nacionales.

Con el pobre argumento que el “sistema actual” es eficiente y solidario y que la intervención de nuevos actores (léase: médicos veterinarios) pondría en peligro la estabilidad y eficiencia del mismo, la Fucofa sigue haciendo y deshaciendo las cuestiones inherentes al Plan a su única y caprichosa voluntad, utilizando atribuciones que no le corresponden y desobedeciendo claramente las normativas legales vigentes actuales.

Como institución colegial hemos reclamado infinidad de veces por la lógica participación de los veterinarios en los “Planes Sanitarios” y las respuestas nunca fueron claras y convincentes. Los antecedentes avalan estos conceptos.

Muchas cosas se consiguen con la paciencia, y de hecho, nosotros tenemos mucha para tolerar ciertos destratos y seguiremos por este mismo camino hasta que la razón nos de la oportunidad esperada. Cuando uno vivencia estas experiencias de miseria intolerante, donde el objetivo puntual es satisfacer los intereses personales y no el “bien común”, podemos observar como la condición humana se lleva a límites bajísimos y en estos casos pensamos y nos preguntamos cómo se llega a esos límites y cómo se han instalado en las sociedades los conceptos donde lo anormal parece normal. Cuando la arbitrariedad pasa a formar parte de lo común, ingresamos en el sórdido camino donde lo ilícito se convierte en cotidiano, donde la premeditación y la alevosía pegan donde más duele mientras muchos trabajan por el verdadero bienestar y la salud animal, pero simultáneamente otros muchos ven esta triste realidad con absoluta normalidad.

En verdad, nadie está preparado para todo, pero en ocasiones de compartir una misma mesa de diálogo para debatir sobre políticas sanitarias y, sorpresivamente y caprichosamente se destrata a nuestra profesión, se la señala como “incapaz” de realizar tareas que le son propias y todo esto expresado en un contexto donde la persona que hace manifiesto estos conceptos, no tiene la mínima autoridad moral para hacerlo, lo sanitario queda de lado y lesiona indefectiblemente la esencia íntima de una profesión que no es solamente milenaria sino muy digna y necesaria para la comunidad.

Y uno tiene que seguir adelante, asociados a la honestidad que les falta a muchos abrazados a nuestros ideales de vida, de profesión, con clara visión que no estamos preparados para la aceptación de la injusticia como norma de vida. Reclamar es existir ya que acostumbrarse a la falta de respeto es una mala manera de ir muriendo.

Nuestro Colegio no dejará de insistir, de reclamar por lo que no sólo es justo sino también es lógico y sostenido por el “sentido común”, por ese atributo que les “falta a muchos” que sólo piensan que el poder y las relaciones políticas les da no sólo dinero, sino también cierto “respeto social”. Creemos en las causas justas, aunque muchas veces demoren mucho tiempo en aparecer. El 2012 ha sido un año particularmente difícil, que para los veterinarios comenzó con una gran ilusión, pero que finalmente “la realidad” le ganó “al ideal”. Sabemos claramente que la vida es dura, pero no tiraremos la toalla y aprovecharemos las oportunidades que se nos presenten. De nosotros depende.

Colegio Médicos Veterinarios de Entre Ríos.

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