El miércoles 28 se cumplieron 50 años de un discurso emblemático:
“Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”
Emotivas y profundas palabras de Martin Luther King en Washington. El régimen de esclavitud se caía a pedazos, aunque muchos querían conservar su vigencia con justificaciones poco sustentables. Este amigo de la fraternidad, Premio Nobel de la Paz en 1964, predicador de la Iglesia Bautista, fue asesinado el 4 de Abril de 1968. Soñar le costó la vida. Pero cuánta fecundidad. Apenas tenía 39 años al morir.
Al escribir esta página viene a mi corazón —o sale de él— la lucha pacífica de Gandhi, Mandela, Teresa de Calcuta, Maximiliano Kolbe, Oscar Romero y tantos grandes que sin violencia enfrentaron y derrotaron las cadenas del mal. Algunos de ellos recibieron la muerte a balazos, otros fueron golpeados o torturados, o recibieron la bofetada de la indiferencia o la burla. Pero fueron perseverantes.
Lamentablemente, las sombras de viejas y nuevas esclavitudes cubren de vergüenza a una humanidad hiperdesarrollada en algunos avances científicos, y tan brutal en otros aspectos como en épocas de las cavernas.
Pesan en nuestra conciencia colectiva los graves desprecios a la condición humana por color de piel, etnias, religión. El holocausto, los cristianos martirizados también hoy en varios lugares del mundo, los indígenas avasallados para tomar su oro o riquezas.
Pero pensemos también en el presente cercano.
Los esclavos del trabajo infantil, “mano de obra barata”. Los niños, niñas y adolescentes secuestrados por la mafia de la trata y dedicados a la prostitución. Los esclavos de la droga, el alcohol, el juego, Internet…
El jueves 5 y viernes 6 de septiembre se desarrollará en la ciudad de Villa María (Córdoba) el 4° Congreso Nacional y 2° del MERCOSUR contra la Trata, Tráfico de Personas y Abuso Sexual Infantil. Recemos por sus frutos. Mientras haya una sola persona esclava en el mundo, el ruido de las cadenas provocará miedo en la humanidad. No están seguros ni tus hijos, ni tus vecinos, ni tus nietos.
Los sueños puros no son puro sueño. Son semillas sembradas por el Creador en el corazón humano que nos hacen anhelar con grandeza el sueño o proyecto de Dios de una familia que abarque a todos los hombres.
Qué regalo de Dios a la humanidad son esos hombres y mujeres “grandes”. Hasta parece mostrarnos cómo en pequeños cuerpos menudos y flacuchos puede haber tanta fuerza y empuje. Tanto arrastre y garra no siempre debidamente reconocidos. Muchas veces me pregunto: ¿Cuántas calles o plazas de nuestro país llevan su nombre?
o quiero dejar de mencionar que necesitamos reforzar nuestra oración y compromiso con la paz en Siria, Egipto y otros lugares del mundo. La violencia, la muerte, la agresión destruyen vidas, familias, sociedades. Intereses políticos y económicos de afuera y adentro no permiten encontrar salidas pacíficas. Más vergüenza acumulada sobre la humanidad. “El enfrentamiento no ofrece perspectivas de esperanza para resolver los problemas; es, sobretodo, la capacidad de encuentro y de diálogo” dijo el Papa Francisco. Inspirado en este Espíritu el pasado 29 de agosto el arzobispo de Buenos Aires convocó “a los hermanos creyentes y no creyentes” a rezar por la paz junto a representantes de distintos credos.
Acordate que Septiembre es “el mes de la Biblia”. El lema es: “Feliz de ti por haber creído”, palabras con las que Isabel —embarazada de San Juan Bautista— saludó a María —recién embarazada de Jesús—. Queremos destacar la alegría de la fe, y cómo la Palabra ilumina el camino de la vida. ¿Qué te parece si tomás el compromiso de leer todos los días del mes unos 5 o 10 renglones de algún Evangelio? No parece mucho, ¿verdad?
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

24 julio, 2026 3:29 pm/
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