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Testigos de la alegría entre nosotros


Estamos transitando este Año dedicado especialmente a la Vida Consagrada en todo el mundo, y en la Argentina habrá una Jornada especial con esta intención el próximo martes 8 de setiembre, día en el cual se celebra la fiesta del nacimiento de la Virgen María.

El Papa nos ha regalado una hermosa Carta Apostólica, “Testigos de la Alegría”, de la cual quisiera destacar en esta oportunidad algunos párrafos.
Lo primero es que esta celebración implica a toda la Iglesia. Dice Francisco: «Me dirijo, pues, a todo el pueblo cristiano, para que tome conciencia cada vez más del don de tantos consagrados y consagradas, herederos de grandes santos que han fraguado la historia del cristianismo. ¿Qué sería la Iglesia sin san Benito y san Basilio, san Agustín y san Bernardo, san Francisco y santo Domingo, sin san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Ávila, santa Ángela Merici y san Vicente de Paúl? La lista sería casi infinita, hasta san Juan Bosco, la beata Teresa de Calcuta. El beato Pablo VI decía: “Sin este signo concreto, la caridad que anima la Iglesia entera correría el riesgo de enfriarse, la paradoja salvífica del Evangelio de perder garra, la ‘sal’ de la fe de disolverse en un mundo de secularización” (Evangelica testificatio, 3).
Invito por tanto a todas las comunidades cristianas a vivir este Año, ante todo dando gracias al Señor y haciendo memoria reconocida de los dones recibidos, y que todavía recibimos, a través de la santidad de los fundadores y fundadoras, y de la fidelidad de tantos consagrados al propio carisma.
¡Cómo no dar gracias a Dios por la riqueza de los carismas que nos ha regalado en nuestra Iglesia en la Argentina!
Debemos tener una memoria agradecida por lo que hemos recibido en el ámbito de la oración contemplativa, la educación, la salud, la cercanía con los pobres, la tarea misionera y pastoral. Los institutos seculares y las vírgenes consagradas. Por el testimonio alegre de la presencia del Reino adelantado en cada comunidad. Seguramente vos conocerás algunas religiosas que han marcado huella en tu barrio o ciudad. Sin esa siembra realizada estaríamos con grandes ausencias del Evangelio en amplias zonas de la patria. Pero sobre todo, el rostro de la Iglesia sería menos bello y radiante.
Pero no sólo el pasado nos alegra. También el presente nos desafía a confiar en el Señor Resucitado, a renovar en Él la confianza. El seguimiento apasionado de Jesús es garantía de fecundidad también hoy. En muchas comunidades experimentamos la merma de vocaciones y la edad avanzada. Les recuerdo que Francisco nos decía al respecto que “no hay que ceder a la tentación de los números y de la eficiencia”. Debemos mirar confiados al Maestro y pedir su luz. Preguntarnos con audacia qué nos pide el Señor en este tiempo. La esperanza que brota de la Pascua nos abre al futuro conducidos por el Espíritu Santo.
La Vida Consagrada se caracteriza por su carácter profético en su modo de vida y en su palabra. Y en este sentido también les seguimos necesitando y mucho. Las periferias geográficas y existenciales son como gritos de los pobres que nos reclaman una presencia nueva de cercanía y misericordia. Y la tierra, nuestra madre y hermana, también gime aguardando ser liberada de la esclavitud a la que le estamos sometiendo.
Lejos de prescindir de la vida religiosa, les pido que volvamos a poner los carismas de cada congregación, cada comunidad al servicio de la misión, teniendo en nuestra mirada especialmente a los postergados: los pobres, los adictos, los encarcelados, los enfermos, los abandonados…
El próximo martes 8 de setiembre nos unimos en gratitud a Dios y con gran cariño hacia los religiosos, las religiosas, y todos los que se consagran a Dios en el servicio a los hermanos. Pedimos a la Virgen María para que nos cubra de ternura.
Esta semana que pasó nos ha dejado algunas imágenes que no debemos pasar por alto.
Un niño ahogado en la playa, Aylan, junto a otros migrantes vuelve a llenarnos de vergüenza a la humanidad. Deberíamos haberlo visto con un balde y una pala haciendo castillos de arena donde puedan vivir sus sueños. No así…El Papa Francisco convocó para el lunes 7 de septiembre a una Jornada de Ayuno y Oración por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero, e hizo extensiva esta invitación a otros credos.
Cristianos perseguidos y torturados al fuego, asesinados a causa de su fe. ¿Y las Naciones Unidas? ¿Y los organismos internacionales? ¿Y la prensa defensora de los derechos humanos y las libertades?
El Papa reafirmando su enseñanza acerca del aborto y la misericordia en el trato a quienes sufren en su conciencia por haber transitado ese camino. Para muchos algo ya implementado; para otros, una novedad. Bienvenido sea reiterarlo.
Francisco también en su oración por el ambiente, el cuidado de la casa común.
El fin de semana que viene es la colecta anual “Más X Menos”. Acordate de los que más sufren.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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