Trata: Esclavitudes modernas que sublevan
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
Hoy se conmemora el aniversario de la Ley Nacional Nº 9.143, la primera ley en América que busca proteger a las víctimas de explotación sexual. Fue sancionada el 23 de Septiembre de 1913, hace casi un siglo.
La trata es un flagelo antiguo pero que ha crecido de manera dramática en las últimas décadas.
La globalización, la facilidad en las comunicaciones, las nuevas tecnologías, han servido también para llevar esta preocupación a cada rincón de nuestro país y del mundo.
El modo de captación de las víctimas sigue siendo el engaño con promesas de trabajo y estudio, el secuestro en la vía pública en diversas ciudades, y a ello se ha sumado la búsqueda de contacto por medio de las redes sociales.
El mal no tiene límites fronterizos o tecnológicos.
Cuando hablamos de trata nos referimos al sometimiento de una persona para la explotación sexual, laboral o el tráfico de sus órganos. El organismo oficial dedicado a recibir denuncias por estos delitos —Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas— realizó su informe 2011, destacando que se consignaron 3.398 casos de menores extraviados (201 en la Provincia de Entre Ríos). Si bien se dice que un 70% de ellos se fueron voluntariamente de sus hogares debido al maltrato, el otro 30% no tiene explicación más que la sospecha de haber sido “llevados” contra su voluntad.
Ésta es una actividad mafiosa tan creciente en el mundo que logró desplazar del segundo lugar en volumen económico al tráfico de armas.
El engaño o el secuestro es el primer paso para adentrarse a un infierno interminable. El segundo paso y los siguientes están cubiertos de violaciones reiteradas, palizas, amenazas a las familias, torturas de las más siniestras. Sus agentes son personajes sin alma, sedientos de dinero y poder, llenos de desprecio por la condición humana.
A las víctimas les dan un nombre distinto y ropa que las deja semidesnudas. Se les obliga a olvidar su identidad y dignidad. Incluso hay lugares que se llaman de “ablande” para doblegarles y prepararles a ser esclavas sin quejarse.
No se les reconocen derechos. Sin justicia todos somos menos humanos y más animales. Cómo será esa vida para que la muerte sea deseada como una bendición y liberación.
Quienes pagan por sexo en esos antros de opresión —llamados con eufemismos tales como whiskerías, bares nocturnos, cabarets, dancings…— son cómplices de esclavitud.
Esta vileza es manifestación de una sociedad enferma que mira para otro lado y justifica con criterios machistas la opresión y el sometimiento.
Las pocas jóvenes que logran ser liberadas inician un largo camino cargado de tropiezos que nunca les devolverá la vida anterior, ni justicia por las vejaciones sufridas.
Algunas organizaciones sociales se encargan de la búsqueda de las víctimas y el acompañamiento. Solemos ver montones de sus rostros en fotos ubicadas en carteleras en las estaciones terminales de colectivos o trenes. Se teme que la mayoría de ellos hayan sido prostituidos o vendidos. ¿Pensaste alguna vez que alguna de esas fotos puede ser de tu hija, tu sobrina, tu hermana? Yo sí.
Muchas son las organizaciones tanto privadas como del estado argentino que dedican esfuerzos para encontrar a quienes se hallan desaparecidos: Missing Children recibe denuncias de desapariciones de niños en el 0800 333 5500 y vía correo electrónico al info@missingchildren.org.ar. La Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la Nación tiene a disposición el 0800 333 2877, que corresponde a la división Búsqueda de Personas, y cuyo contacto vía mail es denuncias@derhuman.jus.gov.ar
Viendo a tantos jóvenes en plazas y parques en estos días celebrando la Primavera no pude evitar pensar en quienes están sometidos sin nada que festejar. No podemos quedar cruzados de brazos.
Hablá con tus hijos y vecinos. Si no hay demanda no hay prostitución. Hablá con tu marido, tu novio, tu hijo, tu hermano. Cuidemos a los chicos.
No podemos quedar indiferentes sabiendo que hay redes internacionales que ofrecen a la Argentina como lugar de turismo sexual infantil. Pagan en dólares y euros cuantiosas sumas de dinero para comprar la integridad de quienes son iguales en dignidad que vos y los tuyos.
El juicio llevado a cabo en Tucumán por el secuestro de Marita Verón —hija de Susana Trimarco— ha dejado en evidencia que las chicas eran trasladadas en los vehículos de fuerzas de seguridad de un prostíbulo a otro, a funcionarios judiciales como clientes, a intendentes y legisladores haciéndose los distraídos. Todos cómplices de aberrantes delitos. Muchos de ellos “consumidores” de prostitución.
Son asesinos de sueños y libertades, criminales de paz familiar, pisoteadores de dignidad humana. Depredadores de inocencia, devastadores de pureza.
Castrados de amor. Tal vez algunos de ellos no tengan condena de cárcel. Pero sí merecen el repudio de la sociedad y ojalá también de sus compañeros.
En estos días conmemoramos los 200 años del éxodo Jujeño, y mañana de la batalla de Tucumán. Epopeyas de un pueblo que luchó por su libertad. ¡Cómo deseo ese espíritu libertario y magnánimo en este Bicentenario!
Claro que estoy muy enojado y dolido. ¿Vos no?