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Una luz que no se corta, y cuando aumenta nos pone felices

Hace pocos días el Papa Francisco dio a conocer su primera “Encíclica”, titulada “La luz de la fe”, en latín: Lumen Fidei.

La palabra Encíclica es de origen griego y significa “envolver en círculo” (hace referencia a un escrito para hacerlo circular entre las Iglesias), y tiene la misma raíz que la palabra “enciclopedia”. La Iglesia Católica Romana sólo utiliza este término para las encíclicas papales, que son cartas o escritos solemnes que el Santo Padre dirige a obispos y fieles acerca de un tema en particular.

No todos los meses ni todos los años los Papas publican Encíclicas. Benedicto XVI escribió dos, una sobre la Esperanza y otra acerca del Amor. Estaba preparando otra en torno a la Fe, pero renunció antes de concluirla. Francisco le pidió los borradores de ese trabajo y los usó para esta enseñanza. Por eso dicen como ocurrencia anecdótica y con algo de humor que está “escrita a cuatro manos”.

Les comparto algunos pocos pasajes de estas enseñanzas, no para reemplazar su lectura, sino para dejarlos con las ganas de leer y meditar toda la Encíclica.

Nos recuerda Francisco que “La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida.” (4)

El acto de fe no se deposita en un dios desconocido e impersonal. “La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo. «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último.” (15)

Por medio del Bautismo recibimos la luz de la fe, y somos incorporados al cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Y nos dice Francisco: “La imagen del cuerpo no pretende reducir al creyente a una simple parte de un todo anónimo, a mera pieza de un gran engranaje, sino que subraya más bien la unión vital de Cristo con los creyentes y de todos los creyentes entre sí (cf. Rm 12,4-5)” (22) Porque ”la fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio.” (22)

“Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para sí. La fe, puesto que es escucha y visión, se transmite también como palabra y luz.”(37)”La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran árbol que es capaz de llenar el mundo de frutos.” (37)

Somos parte de un pueblo peregrino en la historia. ”La transmisión de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa también por las coordenadas temporales, de generación en generación. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a través de los siglos.” (38)

“Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el « yo » del fiel y el « Tú » divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al « nosotros », se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia” (39) “Por eso, quien cree nunca está solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría con otros.” (39)

“Precisamente por su conexión con el amor (cf. Ga 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz. (…)La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo.” (51)

Y por hoy llego hasta acá. El domingo que viene terminamos de hojear juntos la primera encíclica de Francisco. Ese mismo día estaré en viaje, yendo a participar de la Jornada Mundial de la Juventud que se va realizar en Río de Janeiro del 23 al 28 de julio. Ya les contaré.

Ayer se cumplieron 4 meses de la elección del Papa Francisco. Recemos por él y demos gracias a Dios por el buen pastor que nos ha enviado.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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