Había una vez, hace muchos años, en un pueblito lejano de México, una familia que estaba paseando en un bosque. Mamá, papá y sus dos hijas; Agostina de 10 años y Valentina de 11.
El día era lluvioso, frío y ventoso, pero estaban muy intrigados por saber qué había en la espesura del bosque. Caminaron, caminaron, caminaron y…caminaron y se encontraron con dos caminos, uno más angosto y el otro más largo. Decidieron tomar el de la izquierda que el más angosto. Caminaron, caminaron y…caminaron y no veían otra cosa que (árboles) a su paso. Ya cansados y sedientos querían darse por vencidos, pero el padre, llamado Gonzalo, alentó a la familia a continuar. Cuando todo parecía igual, ¡¡¡de repente!!! El camino se bifurcó nuevamente…
Esta vez decidieron tomar el de la derecha, ya que era de cemento, lo cual les hizo suponer que otro humano ya había transitado por allí. Para su sorpresa, se encontraron con (árboles) caídos que bloqueaban el camino. Volvieron sobre sus (pasos) y tomaron el otro camino; misterioso, desierto y aparentemente, nunca antes transitado…¡Una aventura! Este (camino) era de tierra húmeda, podía olerse, el aire estaba impregnado de aroma a (flores) silvestres que crecían a un costado. Caminaron, caminaron y caminaron hasta encontrarse con muchas (casitas) pequeñas y juntitas, de (alegres) colores, rodeadas de un gran campo sembrado de (zapallo, choclo, acelga y tomate) y un (río) de agua limpia y clara que la familia supuso servía para tomar y regar sus campos.
A la (familia) le llamó mucho la atención estas (casitas) tan juntas y alejadas de la civilización. ¡¡¡De repente!!! Una (bruja) salió corriendo de una casa y cruzó el campo volando pero sin (escoba). Se quedaron tan (sorprendidos) y la vez (asustados), que pudo más la intriga y se animaron a tocar la (puerta) de una de las (casitas). Querían investigar quiénes vivían en ese poblado. Para su sorpresa, quien les abre la (puerta) era otra (bruja)…Despeinada, con un (sombrero) puntiagudo y desarmado, maltrecho y descuajeringado; un (vestido) largo y viejo, y (zapatillas) de duende gastadas. Papá Gonzalo exclamó: -¡Hola, Buen Día! ¿Cómo anda?-
La bruja no respondió. Papá Gonzalo pensando que tal vez no había (oído) volvió a saludar: -¡Hola, Buen Día!- Respuesta de la bruja: (…crik, crik). -¡¡¡Váyanse, aquí no vive nadie!!!-
No dándose por vencidos, ante la falta de amabilidad de la bruja, considerando que el día había mejorado. Se decidieron a golpear otra (puerta). Otra vez les abrió una (bruja) alta, fea, feísima, pero muy amable. Mamá Florencia exclamó: -¡Buen Día!- La bruja respondió: -¡Buen Día! ¿Qué se les ofrece?- Mamá Florencia dijo: -Paseando descubrimos este lugar y estábamos intrigados por saber quiénes viven aquí. La bruja amablemente los invitó a pasar, les convidó (té) de zarzamora y (torta). Esta bruja llamada Maruja les comentó: -Aquí vivimos muchas (brujas). Sembramos nuestros alimentos y criamos nuestros animales, para no salir a la ciudad a comprar. Ocurre que por el mal carácter de algunas, se nos hizo mala fama y en los cuentos para los (niños) siempre somos las malvadas. Y así, por prejuicio, nos ganamos el rechazo de la gente. Esto es un secreto, no se lo cuenten a nadie. La familia muy agradecida y con la panza llena prometió guardar el secreto; dio media vuelta y volvió a su casa. Cuando cenaban, todos muy sorprendidos comentaban lo ocurrido y decían: -“¡Qué brujas tan feas!” “¿Por qué será que no quieren que le digamos a nadie?” “¡Qué raro el lugar que nos lleva ese (camino)!” “Ellas piensan que la gente es muy mala, por eso creen que van a reírse de ellas”.
Agostina reflexiona…
Fin
La autora
Soy Priscila Leites tengo 10 años (2011), voy a la Escuela ‘República de Entre Ríos’. Mi psicóloga es Melina.
Hace dos años me caí de la cucheta y me llevaron al médico y me descubrieron que tenía el baso grande (el baso es un órgano que te permite no enfermarte tanto). A los dos años –el 23 de enero de 2011- decidieron sacarme el baso porque podía estallar, y también me hicieron biopsia de riñón y salió que tenía una enfermedad llamada Lupus. Por esa enfermedad tuvieron que hacerme un tratamiento que todos los meses, una vez al mes, me tenía que internar y me pasaban un medicamento por vena. Ahora no tengo que internarme más porque tomo el remedio en pastilla. Yo no podía ir a la escuela, iba una maestra a mi casa a enseñarme porque, como les dije, me sacaron el baso y no me podía enfermar y en la escuela hay muchos virus, y más en invierno que estamos todos resfriados y con tos. Ahora volví a la escuela, después de seis meses de estar en casa con la maestra. No me gustaba faltar a la escuela, porque extrañaba mucho a mis amigos. En esos seis meses estuve viniendo a la psicóloga –Melina- y con su ayuda hicimos este cuento. ¡¡¡Espero que les haya gustado!!!”

















