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UP7: Nueva política fundada en más trabajo y educación

La Unidad Penal N°7 de Gualeguay tiene nuevos jefes, quienes llegaron con una nueva política penitenciaria. El objeto de la presente gestión también es reforzar los aspectos disciplinarios sin descuidar la promoción de derechos, pero, a la vez, pretende reforzar la educación y la cultura del trabajo. Un nuevo paradigma penitenciario, más alejado de la cárcel convencional y más cercano a un instituto socializador y capacitador de personas que quieran reinsertarse en la sociedad.

“La cárcel” de Gualeguay ocupa una manzana ubicada entre las calles Halket, Pellegrini, Misiones y Primer Entrerriano, a pocas cuadras del centro de la ciudad, rodeada de casas y negocios, realidad que obliga a descartar cualquier tipo de ampliación. Así y todo, las últimas reformas permitieron que pueda alojar 230 reclusos, cantidad que hoy se encuentra cubierta en su totalidad.

La política penitenciaria provincial, desde hace un tiempo, apunta hacia un nuevo concepto penitenciario. Un ejemplo de esa nueva concepción es la flamante UP9 Granja El Potrero, en Gualeguaychú, con módulos de 70 internos sobre una superficie de 30 hectáreas. Precisamente de allí viene el nuevo jefe de la UP7, el Alcaide Mayor Luis Hernán Viola, de 40 años, oriundo de Paraná. Un funcionario comprometido con este nuevo paradigma penitenciario.

En diálogo con Gualeguay21, el Alcaide Viola compartió impresiones sobre la realidad de los penales, y las políticas que está implementando en la UP7 de acuerdo al nuevo concepto de establecimiento reformativo y sociabilizador. De ese modo, el funcionario abordó generalidades del servicio y, en particular, la actualidad de la UP7.

En ese sentido, el funcionario señaló que el interior de los penales es un reflejo de lo que ocurre en el exterior, y que allí se viven microclimas casi idénticos a la realidad puertas afuera: mismos conflictos, mismas crisis. Al mismo tiempo, advirtió que el perfil del interno cambió mucho en los últimos tiempos, y hoy la población es cada vez más juvenil, más difícil de controlar, generalmente sin escolarización y formada en ambientes muy violentos.

Para facilitar la convivencia, las poblaciones se dividen según la calidad de los internos, determinada por las características de los prontuarios y el carácter de sus personalidades. En el caso particular de la UP7, a pesar de las limitaciones de su superficie física, Viola destacó que, con su equipo, ya ha implementado el nuevo modelo penitenciario, imponiendo disciplina y promoviendo derechos, con énfasis en la educación y el trabajo.

Respecto del equipo que lo acompaña en esta gestión, el Alcaide Viola señaló que la Subalcaide Mariana Reyna lo secunda al frente del penal y está a cargo del Cuerpo Penitenciario, primera mujer en la provincia en ese cargo. Junto a ellos, el Adjutor Principal Franco Reynoso está al frente de la División Tratamiento, y el Alcaide Mayor Hernán Camejo al frente de la División Industria.

A éstos se suman una psicopedagoga, la subadjutor Andrea Skiba como responsable de todas las actividades educativas, y un servicio médico de dos médicos clínicos, un dentista y 3 enfermeros.

Como desde la Dirección General del Ministerio de Seguridad de la Provincia el mandato es socializar a los internos a partir de la educación y de inculcarles la cultura del trabajo, de forma de facilitarles su reinserción en la sociedad, las actividades laborales y educativas ocupan gran parte tanto de la agenda como de las instalaciones. La idea es que los internos, muchos jóvenes, aprendan un oficio y adquieran el hábito de trabajar, a la vez que se los mantiene contenidos.

De esta manera, los 230 internos pueden sanar sus adicciones, completar sus estudios, y capacitarse, y trabajar, en herrería, panadería, carpintería, tapicería, elaboración de trapo de pisos, electricidad, chapa y pintura, y lavado de autos.

Por otro lado, para lograr el objetivo sociabilizador, se suman al penal un equipo interdisciplinario de dos psicólogas, dos trabajadores sociales, y una psiquiatra, concentrados en orientar la rehabilitación general de los internos, y un equipo docente de 5 maestros primarios y 23 profesores secundarios, ocupados en que los internos completen sus estudios.

En total, unas 105 personas en todo el servicio, poco más de 2 internos por cada una, cuando el estándar óptimo internacional es de dos personas por interno. Con esta estructura, Viola enfrenta los desafíos de implentar el nuevo paradigma en toda su dimensión, a la vez que debe lidiar con dos grandes problemas: las limitaciones edilicias y el consumo de drogas.

Para el primero sin soluciones a la vista, mientras que, para el segundo, los protocolos aún no son suficientes. Si bien los que ingresan con problemáticas de consumo son sometidos a tratamientos de rehabilitación dirigidos por una psiquiatra, y acompañados por el equipo profesional, la estructura edilicia impide un aislamiento adecuado. Tal es así que, frecuentemente, “paquetes” de droga son lanzados desde la calle hacia adentro del penal.

Norman Robson para Gualeguay21

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