Utopía: propuesta de minorías en ofrenda a mayorías

No podemos cancelarla, porque si lo hiciésemos, nos quedaríamos sin brújula, sin norte. No encontraríamos el sentido de construcción y dirección. Perderíamos el rumbo. Al cancelar la utopía, es lo mismo ir a cualquier lado; toda nuestra energía de viajar, se diluye en la nada, en la ignorancia del punto de partida y de llegada. Entonces todo vale.

Como el viaje es muy largo, tengo la posibilidad de traspasar el timón. Quien nos continúa, puede acercarse más al horizonte. Ello puede implicar que el otro encuentre diversos caminos, tenga una nueva utopía, busque otro norte. Lo importante es que nadie salga a la mar sin un mapa, una brújula y un instrumento de navegación.

Nadie hace el viaje por el otro, pero es posible legar la capacidad de aprender a navegar. La utopía es imprescindible como un recurso, no sólo de objetivo medible en la pragmática, sino como orientador de la disposición energética, que le da a las acciones concretas una dimensión de trascendencia.

Lo demás es ilusorio, mágico. En la ilusión, alguien nos hará llegar, yo nada debo hacer, excepto esperar a que otro me conduzca. Todo me transforma mágicamente, pasamos de un sitio a otro sin viajar. Suena peligroso. Nosotros, en general, nos manejamos más con las ilusiones y la búsqueda de un conductor para el traslado, que con el largo trabajo del viaje, donde cada uno invoca su capacidad de viajar, su norte y sus atributos.

Es imprescindible plantearlo. Mientras cada uno hace su escuela de navegantes sobre la manera de celebrar la diferencia, debatamos mapas, brújulas, coordenadas, embarcaciones, navegación. Es cierto que en el trayecto, algunos pueden naufragar, otros ni siquiera se animarán a partir. No hay posibilidad de confirmar cómo se hace; hay una disposición para lanzarse a esta mar de la diferencia, lograr llegar al horizonte, y celebrarla.

Un principio importante para darle entidad real, no ilusoria aunque utópica, es plantear que las revoluciones sociales, culturales, paradigmáticas, se dan por minorías transformadoras, que conviven con mayorías consumidoras.

Estas mayorías consumidoras, en determinado momento y circunstancia, consumen el cambio. No le pongo una carga negativa al término consumo, es una descripción sociológica del funcionamiento de la masa. La masa es una escala en la cual mucha gente va donde van todos, y toma lo que la mayoría toma, porque es impuesto, a diferencia de quien tiene un pensamiento crítico, independiente y reflexivo. A mí, la experiencia me demuestra que vivimos mayoritariamente de esta manera.

Por lo tanto, si ya sabemos que el cambio lo hace una minoría, lo primero que debemos hacer es convocar a la minoría transformadora a celebrar la diferencia. Luego, comprobar si uno puedo ser parte de esa minoría, dado que difícil es el sentido de la diferencia, mucho más aún es celebrarla siendo una minoría. Quiero aclarar que cuando planteo que es un desafío de minorías, no me refiero a minoría con características de élite, iluminada y seleccionada, unos pocos elegidos.

Es imprescindible tener algunas cosas muy claras: saber de dónde venimos, hacia dónde vamos, ir en la dirección de lo que somos, sin marearnos ni confundirnos por estar con los demás. Estar con otros pero seguir siendo lo que somos, porque ahí es donde se sostiene la diferencia, al aportar a esa celebración en el conjunto. Y no temer a las condiciones de ser una minoría, ya que por necesidad, la mayoría tenderá a descalificarla.

Reitero: no es simple ser una minoría. Creo que las características del liderazgo de esa minoría serían: paciencia, humildad, vocación, templanza, disciplina, trascendencia, mediano plazo.

Contar con una didáctica, una argumentación permanente y una convicción de la minoría que le da su fortaleza. La articulación de la minoría en relación con la mayoría y su organización interna, para convencer a la mayoría de convivir en armonía, son también atributos de ese liderazgo. (…)

La esperanza –que enfrenta a la espera– es aquello que hacemos hoy para que mañana estemos mejor, sin garantía absoluta de lograrlo, pero con la certeza y la convicción de que aportamos al cambio.

Rabino Sergio Bergman

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