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Y Dios, ¿dónde está?

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Muchas veces he escuchado esta pregunta. A veces surge en un momento de dolor o confusión; otras el cuestionamiento aparece de manera serena. Me acuerdo de aquel tango que lo plantea ante el abandono: “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?”.

Para los cristianos estas preguntas también aparecen en muchos momentos de la vida. Pero la fe nos ilumina.

Dios no está muerto. Él vive y camina a nuestro lado.

 

Dios no está escondido. Está presente y cercano a cada uno.

Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Corpus Christi en latín. En la Última Cena Jesús transformó el pan y el vino —elementos sencillos y cotidianos— en su Cuerpo y su Sangre. Quiso así quedarse entre nosotros. Esto lo venimos viviendo desde las primeras comunidades cristianas. El Evangelio de San Lucas nos cuenta que el mismo día de la Resurrección dos discípulos regresaban tristes a su pueblo de Emaús. Jesús caminó con ellos y “lo reconocieron al partir el pan”.

 

Y así como hacían aquellos primeros cristianos, hoy nos reunimos cada domingo en torno a la mesa del altar.

 

Pero no es el único lugar en que encontramos a Jesús. Él también quiere mostrarnos su presencia en los pobres. En el Evangelio de San Mateo se nos narra la enseñanza del Maestro: “Tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed, y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron (…) Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt, 25)

El mismo Jesús que quiere ser adorado en la Eucaristía quiere ser servido en los pobres.

 

Es parte de nuestra coherencia en la fe servir al Señor en todo lugar en que se encuentra. Es el mismo Jesús el que se manifiesta en todas estas formas de presencia.

Hoy, en todas las Capillas y Parroquias del país se realiza la colecta nacional de Cáritas. Con el lema “Pobreza cero, dignidad para todos” se nos alienta a la generosidad.

“Pobreza cero” busca comprometernos para erradicar la pobreza en el país.

 

Para ser reconocida la dignidad humana necesita de una serie de derechos a garantizar: Vivienda digna. No hacinamiento. Acceso a la educación y la salud

Muchos hermanos no tienen lo suficiente para comer. Pero la alimentación no es lo único necesario para salir de la pobreza. También hace falta el pan de la cultura, el pan de la familia, del deporte, del trabajo, de la educación.

 

La mesa eucarística es señal y anticipo de la mesa de la vida eterna. Todos están invitados, nadie queda afuera del amor de Dios. Él nos llama a la vida, a la fe. El proyecto de Dios es que la familia humana viva dignamente, sin marginados ni excluidos.

Colaborar en esta colecta es colaborar con el Plan de Dios. Podés acercar tu donación a la Capilla o Parroquia más cercana. También tenés el camino del teléfono 0810-222-74827.

Con lo recaudado se llevan a cabo diversos proyectos de promoción humana: capacitación laboral, apoyo escolar, talleres, comedores, construcción comunitaria de viviendas, un sinnúmero de iniciativas en todo el país en las que las familias —insertas en programas diseñados por Cáritas Argentina— son protagonistas de los cambios superadores que se proponen hacia una vida más digna.

La amistad social, el respeto a quienes piensan distinto, la fraternidad en la patria, hacen también a la dignidad para todos.

Apoyemos con nuestro compromiso económico la tarea de miles de voluntarios que sirven a los pobres en nombre de todos nosotros.

El verdadero milagro entre los hombres es el amor y qué lindo lo dice esta canción: “Y hay tanto viento para andar las ramas / tanto celeste para echarse encima /  y pese a todo vuelve la mañana /  y está el amor, que su milagro arrima”.

× HOLA!