En esta edición fueron ganadoras las tres comparsas, porque más allá del folklore del reclamo, típico luego de los fallos, la premiación reconoció logros y virtudes de cada una.
Así fue como ganó SiSí, con un legítimo tercer puesto reconocido por el jurado en los ítems donde se destacó, poniendo en evidencia su clara recuperación, también ganó Karumbaí, con un honorable segundo puesto que reconoce sus dotes artísticas más allá de la ostentación, y, por supuesto, ganó la ganadora, Samba Verá, con un merecido campeonato que hace justicia a su apuesta.
Del mismo modo, ganaron los integrantes, ya que comprobaron que el reconocimiento llega y es, indefectiblemente, fruto del trabajo y del esfuerzo, y ganó el espectáculo, enriquecido a partir de esta concepción.
Pero, más que nadie, ganó nuestro carnaval, no solo porque creció y maduró, sino porque encontró el camino hacia su identidad, una fiesta donde se destaca tanto el espectáculo como la participación de la gente, dejando bien claro que está más allá del negocio que represente para quien lo organice.
¿Quiénes son los perdedores?
Esta vez solo perdieron quienes no pudieron disfrutarlo como en otros tiempos, pero nuestro carnaval deberá imponer ese camino, un camino que vuelva a desbordar las tribunas y colme las cantinas y que, de este modo, nadie se lo pierda y sea realmente un carnaval popular, un corso para todos.
Norman Robson para Gualeguay21

















