O sea, cuando decimos República Argentina nos referimos a que en nuestro país impera el Estado de Derecho, donde el sistema se rige por leyes creadas por el Poder Legislativo, quien las crea, aplicadas por el Poder Ejecutivo, quien las aplica, y administradas por el Poder Judicial, quien es responsable de impartir Justicia.
Ahora bien, cuando el Poder Ejecutivo o el Legislativo se pervierten, o corrompen, por el Poder Político, es el Poder Judicial quien debe corregir impartiendo Justicia, pero cuando éste está cooptado por el mismo Poder Político, todo se convierte en una gran fantochada donde la República quedó pintada.
¿… y quién la pintó?
Bueno, si miramos bien en el bosque detrás del árbol, encontraremos la Corpo Judicial parada en primera fila, un núcleo sedicioso desviado de los loables menesteres del cargo, muchas veces divorciado de la misma justicia.
Hoy todos los dedos señalan al Poder Político como responsable de todos los males, y pretenden entregárselo en bandeja al verdugo, pero todos olvidan que, detrás de todo eso, hay una Justicia pervertida y corrupta que ha consentido, sino promovido, todos esos males.
Hoy, aunque no sea de conocimiento público, quienes recorremos la calle sabemos de sucesos que ponen en duda el cumplimiento de los deberes en Cámaras, Juzgados, Fiscalías y Defensorías de nuestra ciudad, y nos consta que esto obedece exclusivamente a la participación del Poder Político en la construcción de este sistema desde sus mismos cimientos.
La degradación de una Institución, sea ésta cual sea, comienza a partir de la degradación de sus propios miembros, y, en el caso de la Justicia, a partir de la degradación de sus magistrados y funcionarios, quienes priorizan sus intereses particulares por sobre la Justicia.
Vale destacar que, aquellos magistrados y funcionarios judiciales que no llegaron al cargo por acomodo, hoy interinos, lo hicieron por concurso, una instancia tan liviana que, de haber tenido la oportunidad o el interés, Sebastián Wagner podría haber aprobado fácilmente pudiendo ser hoy fiscal junto a Tortul o Nisman, o juez junto a Rossi, Oyarbide y Zaffaroni.
De este modo, la sociedad de hoy debe reconocer dentro del sistema a esa escoria que hoy debilita al país, a esos miserables que no están interesados en impartir justicia sino en aplicar la ley de forma conveniente a sus propios intereses, indiferentes al daño que le provocan a la sociedad, y que se abroquelan para protegerse de cualquier intento de la sociedad por erradicarlos.
Solo con una Justicia proba, a partir de la cual se restauren el Estado de Derecho y la República, el país podrá restablecer el orden y la paz social. Caso contrario, seguiremos al horno.
Norman Robson para Gualeguay21


















