Una mirada a los negocios del carnaval 2

Si bien, al igual que en los otros casos, se desconocen aspectos importantes del evento, como ser la cantidad de entradas vendidas o cuantos oferentes hubo o quien ganó, barajamos algunos datos como para componer una idea de cómo es este negocio.

 

 

 

Con este afán, sabemos a ciencia cierta que fueron siete noches, estimamos que ingresaron unas cinco mil personas promedio, aunque el intendente proclame diez mil, vimos que algunos no compraron espuma pero vimos que otros compraron de a dos, y sabemos que se vendieron a doce pesos cada una cuando su costo era de cuatro.

Entonces, un cálculo en extremo conservador nos da que siete noches, por un promedio de cinco mil espumas, a doce pesos, resulta en una venta de 420 mil pesos y una ganancia de 280 mil.

Si a estas ganancias les restamos los cincuenta mil informados por el propio Secretario Figueroa, como canon por la exclusividad, podemos estimar que en esta operación le quedaron al concesionario, por lo menos, unos 230 mil pesos.

Si bien es cierto que este negocio requiere una inversión y exige un riesgo, según lo investigado entre proveedores estos no serían importantes, ya que la inversión se limitaría al volumen de espumas de una noche, unos veinte mil pesos, mientras que el costo del canon se licuarían totalmente en la segunda noche.

O sea que, invirtiendo setenta mil pesos, con solo dos noches de carnaval, el concesionario ya ganaría treinta mil pesos, y con las ocho noches 270 mil.

De acuerdo a estos cálculos, a pesar de ser conservadores, las condiciones de la concesión de la espuma en nuestro carnaval son bastante convenientes y accesibles para quien tome la concesión, casi en perjuicio de la misma ciudad.

Por esta razón, llama la atención que la organización del carnaval no haya recurrido a una institución para la provisión de espuma, ya que una entidad hubiese colocado el producto a valores más populares y la ganancia la habría volcado a la ciudad de inmediato, mientras que de esta forma la espuma era cara y la ganancia se la lleva el empresario.

El manejo del negocio de la espuma por parte de quienes organizan nuestro carnaval pareciera convalidar la idea de que no todo funcionó como debería en el “carnaval más barato del país”.

Norman Robson para Gualeguay21

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