Una simple cuestión de corderos

Ayer, 8 de mayo de 2012, 33 años después, fui de banco en banco hasta lograr que uno me acepte realizar una transferencia a otro banco sin tener cuenta en el mismo, y una vez en él, hice la cola por el término exacto de 104 minutos.

 

 

 

Evidentemente, todo sigue igual.

O sea, dos de los tres bancos locales no aceptan que un ciudadano realice una transferencia a otro banco si no es cliente del mismo.

O sea, para esas dos entidades si no sos cliente de ellas no existis.

O sea, que el Banco Frances y el Nuevo BERSA no son servicios públicos.

Mientras escribía, conversaba, dormitaba, caminaba, y cualquier otra cosa que me sirviera para pasar el tiempo, medité largamente sobre esta injusta situación general de la oferta bancaria local y del servicio puntual del Banco de la Nación Argentina, el banco oficial de nuestro país.

Así es que calculé que en este banco unas 200 personas por día atraviesan por este injusto suplicio, unos 20 mil minutos hombre por día despilfarrados en la nada.

Unas 333 horas hombre diarias, unas 10 mil horas hombre mensuales que representarían el trabajo mensual de 50 personas.

En base a una productividad mensual promedio de 5 mil pesos por persona, estaríamos hablando de un despilfarro económico de 250 mil pesos mensuales, lo que significaría  que la inoperancia e ineficiencia de ese banco produce un quebranto mensual de un cuarto de millón de pesos en el producto bruto interno de esta comunidad.

Definitivamente, no es poca cosa.

Luego de relevar detalladamente el daño económico producido por este banco, y viendo que todavía faltaba mucho para llegar a la caja, procedí a evaluar el daño moral de este destrato.

Todos los días hábiles, arbitraria y abusivamente, a 200 clientes se los condena a malgastar un 7% de su vida en una absolutamente inútil espera.

Todos los días, sin el menor atisbo de vergüenza, los responsables de este servicio público le roban un 7% de su vida a, por lo menos, 200 clientes, y le arruinan, por lo menos, el 7% posterior, sin demostrar el más mínimo respeto ni la más mínima intensión de mejorar la prestación ofrecida, abusando de un sector cautivo de sus servicios.

Todos los meses, esta entidad bancaria avasalla los derechos de, por lo menos, unos 2 o 3 mil clientes.

Finalmente, cuando aún quedaban más de una docena de personas delante de mí y ya eran más de las dos de la tarde, concluí que esta prestigiosa entidad bancaria nacional, un servicio público si se quiere, no solo atenta irresponsablemente contra nuestra macro economía local sino que se abusa inmoralmente de la paciencia de su clientela, mayormente cautiva, mientras que las otras entidades, una la entidad insignia del estado provincial y el otro netamente privado, se limitan a brindar un servicio exclusivo.

Durante todo ese tiempo recordé a la vieja Margarita, que debió sacrificar su arraigo por una vida digna.

Hoy Segba y Entel ya no están entre nosotros, pero se mantiene el mismo sistema financiero, y se sumaron Telecom, Telefónica y otros abusos más modernos.

Finalmente pude realizar la transferencia y abandoné el banco meditando sobre la mansedumbre del mercado y la impunidad de los sistemas, confirmando que en la medida que prevalezca la primera, existirá la segunda.

Así será hasta tanto no se rebelen los corderos…

Norman Robson para Gualeguay21

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