Ser luz

Creo, en este sentido, que la luz tiene ese rol protagónico porque nos permite tener discernimiento. En la luz vemos. Pero en esa luz vemos también la sombra. Vemos su ausencia y su falta. La luz calma nuestra angustia. Y además nos propone una práctica espiritual central. Frente a la oscuridad tenemos dos posibilidades: o nos paralizamos y nos lamentamos, o actuamos y encendemos una luz. No hay otra manera de erradicar la oscuridad. La otra opción es apenas una celada. Si nos quedamos en la oscuridad, analizando infinitamente los motivos, no haremos más que padecer. Sí, por el contrario, ejercitamos nuestro discernimiento espiritual (que es siempre un acto de inteligente misericordia), lograremos iluminarnos. Pongamos nuestra energía en prender una luz. Porque la luz siempre es esperanza, y nos ayuda a caminar en épocas de penumbra.

 

En el relato bíblico, como decíamos recién, D-s ordena el mundo a partir de la luz. Es para Él una herramienta de la creación. Una herramienta crucial, subrayemos, ya que a través de ella sostiene el mundo.  Si bien la luz es una forma de energía, la física ha estudiado detenidamente este fenómeno y ha determinado científicamente que muchas veces se comporta, también, de manera corpuscular (es decir, como si fuera materia). Lo que desafía, claro, nuestra lógica mundana, ya que tendemos a pensar que las cosas tienen una única naturaleza, y no dos. ¿Qué es, en definitiva, la luz?¿Es materia o es energía?

 

Qué interesante, ¿verdad? ¿No es, en un punto, la misma pregunta que nos hacemos sobre nosotros? El ser humano, nos inquirimos desde hace siglos, ¿qué es? ¿Es materia o es energía? Bueno, depende… Se manifiesta de diversas maneras, según cómo lo midamos a o lo registremos. A veces se comporta como materia, a veces como energía. ¿Y cómo se relacionan, en el ser, estas dos entidades? Albert Einstein llegó a una fórmula magistral para ligar estas dos dimensiones en el mundo real. Todos conocerán la celebérrima E=MxC2. Más difícil, creo yo, es llegar a una abstracción semejante para el caso concreto de ser humano.

 

Yo no sé, desde luego, cuál es esa ecuación espiritual para definir al ser humano en términos de cómo se ordenan en su interior la materia y la energía (suponiendo que exista tal fórmula), pero sí estoy en posición de afirmar que nuestro desarrollo espiritual nos pide que nos sumerjamos de lleno en la experiencia de la luz.

 

Echemos por tierra, primero, una noción errónea pero extendida. Un ser iluminado no es necesariamente un ser superior. No es alguien dotado de alguna cualidad mágica, sobrenatural o extraterrena. La iluminación es una dimensión posible secular y asequible para todos por igual. No hay que ser Buda para estar iluminado. Reconozco, sí, que hay seres iluminados. Pero la idea no es seguirlos, ni leer acerca de ellos. La clave está en abrir nuestra propia vía hacia esa luminosidad.

 

¿Cómo hacemos, entonces, para que nuestro ser viva en la luz? Nuevamente, respuesta simple y compleja a la vez: con trabajo espiritual, con disciplina. La iluminación no es un lugar al que se llega, es un camino que se transita y que nos va perfeccionando. Pero que se transita, básicamente, con dedicación, con constancia y –sobre todo– con amor. El único sendero válido y efectivo hacia la iluminación está indicado con el cartel del amor. Sin una disposición amorosa es imposible.

 

Un ser iluminado ve con los ojos cerrados y sueña con los ojos abiertos. Vale decir, la experiencia opuesta ya la tenemos, todos los días. Ver con los ojos abiertos y soñar con los ojos cerrados, es simple, nos sucede naturalmente. Llegar a una posición de iluminación es, precisamente,invertir esos términos. Alcanzado ese punto, ya no buscaremos la luz, sino que seremos capaces de darla. Ya que la luz habitará en nuestro interior y no en el afuera.

 

La misma lógica, claro, se puedo aplicar a otros valores. Quien está iluminado no pide paz: es paz. No demanda amor: es amor. Y no busca justicia ni la imparte: es justicia. Un ser iluminado es un ser virtuoso. Para él, la realidad e es siempre una oportunidad de aprendizaje y profundización. Ya nada le resulta un obstáculo, o una restricción. El iluminado llegó al refugio. Habita la casa. Y está conectado con dimensiones trascendentes.

En amistad y bendición.

Rabino Sergio Bergman

 

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