Desde 2001, Argentina tenía un estricto protocolo de vacunación contra la aftosa, y exigía una vacuna contra cuatro cepas de ese virus, con un solo laboratorio proveedor, único en el mundo, ya que hace años que dos de esas cepas dejaron de existir. Por esa razón, afuera solo se producen vacunas contra las dos cepas existentes, prohibidas en nuestro país. Después de años de reclamos, se terminó el negocio, y los productores tendrán vacunas más baratas. Insólitos detalles.
En otras palabras, la ganadería argentina, y su sanidad, eran rehenes de un monopolio, pues la provisión de la vacuna solo podía brindarla un solo laboratorio.
Ahora bien, en este escenario de desigual competencia, en Uruguay, una vacuna igual de segura cuesta 72 centavos de dólar, y en Paraguay apenas 35, cuando en Argentina cuesta 1,2 dólares, con una increíble particularidad: El que vende tan barato en el país guaraní es el mismo que vende en éste.
En otras palabras, los productores ganaderos argentinos estaban obligados a desembolsar entre 48 y 85 centavos demás por cada vacuna de las casi cien millones que se aplican anualmente. A lo largo de las décadas, muchos fueron los reclamos, pero los gobiernos se sucedieron sin que ninguna rompiera con el negocio.
Según la versión del Gobierno Nacional, el Presidente Milei pidió una solución inmediata a ese problema, razón por la cual se tuvo que modificar la reglamentación para aceptar una vacuna bivalente como la que se utiliza en la región, para la cual hay múltiples proveedores, y luego certificar nuevas vacunas.
De ese modo, la Resolución 333/25, publicada el viernes en el Boletín Oficial, establece la equivalencia y autoriza la venta de vacunas en el país que cuenten con certificación de venta en una serie de países, de modo de facilitar una inmediata importación de vacunas a precios razonables acordes al resto de la región.
Norman Robson para Gualeguay21


















