Gualeguay: La realidad oncológica también apremia

Desde que llegué a Gualeguay, he recurrido al hospital San Antonio cada vez que lo necesité y, solo gracias a gran parte de su personal, mi experiencia es muy buena. Por supuesto que, cuando no lo fue, lo hice notar. Así es que he conocido a todas sus administraciones, y la actual no es diferente a las anteriores. Lo ocurrido estos días con la campana para quimioterapia así lo demuestra. Cuatro años sin darle solución indigna, tanto como enterarnos por la valentía de una enfermera.

Noelia Quindt hace cuatro años que es enfermera del hospital, capacitada y entrenada en la atención de pacientes oncológicos. La adoran. Según manifestó ayer, cuatro años atrás, cuando ingresó al nosocomio, ya no funcionaba la “campana” que había, lo cual expone la vida de quien manipula las drogas para una quimioterapia, la de quien reciba esas drogas, y la de cualquiera que ande cerca y tenga la mala suerte de contaminarse con los gases, vapores o polvos de los tóxicos allí manipulados.

Qué es una “campana”

Se llama asi a la “cabina de seguridad biológica clase II tipo B2”, una mesa de trabajo bajo una campana, con luz UV, filtros HEPA para el aire de entrada como el de escape, y presión negativa, íntegramente desarrollada en acero inoxidable para proteger al medicamento, al personal, y al medioambiente, del material tóxico manipulado.

Noelia se presentó anoche en el Concejo Deliberante para poner en conocimiento de los concejales la situación con visos de escándalo desatada la semana pasada, e ilustrarlos en detalle sobre la realidad respecto de la atención del cáncer en el hospital San Antonio.

Antecedentes

En los últimos 4 años, por lo menos, la indiferencia ha caracterizado a los responsables del hospital, directores Jorge García, Gonzalo Jáuregui o Mauricio Besinsky, en todo lo que respecta al tratamiento del cáncer, con los siguientes agravantes:

•que abundantes normativas y recomendaciones indican cómo debe procederse en los tratamientos oncológicos;

•que, a pesar de ésto último, y por la inexistencia de un servicio de oncología, siempre se ha improvisado en los tratamientos;

•que, entre quienes operan la quimioterapia, había y hay síntomas de contaminación;

•que, en octubre del año pasado, ya se había informado, por nota, sobre los problemas en la atención de esta enfermedad;

•y que no había respuesta alguna.

Campaña

Por todos esos antecedentes, la enfermera Noelia, decidió hacer algo. Con la ayuda de pacientes, expacientes, y militantes contra el cáncer, “tomaron el toro por las astas”, y lanzaron una campaña para juntar fondos para arreglar o reponer la bendita “campana”. Claro está que la sociedad gualeya interpretó enseguida la necesidad y se sumó, cada uno con lo que pudo.

Pero no pensó igual el Dr. Besinski, a cargo del San Antonio, sino que se enfureció, mandó a llamar a la enfermera, y le ordenó cancelar la campaña y devolver el dinero, bajo amenaza de hacerle un sumario, ya que, como empleada del Estado, tiene prohibido hacer eso.

En otras palabras, quien es responsable del nosocomio desde hace casi año y medio, no solo no dio nunca ninguna respuesta a tan peligrosa situación, sino que, encima, se la agarró con quien sí intentaba hacerlo, castigando así la valentía y compromiso de una servidora pública.

Como si todo ésto fuera poco, actualmente están enviando sus pacientes al CEM a hacerse allí las quimioterapias, una prestación que la administración del hospital termina pagando al privado. Es de imaginar que, con todo lo pagado hasta ahora, se podría haber resuelto el problema de origen.

Por último, vale destacar que puede ser cierto que resulta difícil conseguir un repuesto para un motor del equipo descompuesto o roto, pero si un Director de un hospital, en un año y medio, no pudo resolver un tema tan delicado y peligroso como ese, debe renunciar.

Otros descuidos

Al mismo tiempo que ocurre todo esto, han sucedido hechos de inseguridad dentro mismo del hospital, en las propias salas y en terapia intensiva. ¿Porqué? Porque al nosocomio entra cualquiera, cuando quiere, pues no hay seguridad. Un solo policía, que no puede estar en todos lados, no alcanza para tan enorme complejo de salud.

De esta otra realidad surge la pregunta sobre por qué cuidar a las demás enfermeras si no se cuidan a las de oncología.

Conclusión

Visto que el hospital San Antonio, principal centro de salud de Gualeguay, y otrora referente regional, ha sufrido una constante degradación en su rol en los últimos años; que, últimamente, surgieron versiones sobre una gran cantidad de casos de cáncer en la ciudad; y que se toma conocimiento de todo ésto por la valentía y compromiso de trabajadores y vecinos, no de las autoridades responsables que cobran por ello; la situación apremia.

Resulta necesario y urgente que la sociedad gualeya, y a sus autoridades locales y provinciales, tomen cartas en el asunto para replantear, reordenar y reactivar la atención oncológica en la ciudad, en particular, y, en general, toda la realidad de la salud pública.

Norman Robson para Gualeguay21

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